Un pequeño caballo de troya: el VIH

publicado el 30 Oct, 2013 Biología Celular Blog Fisiología Genética

  El VIH o Virus de Inmunodeficiencia Humana es un microorganismo que sólo contiene lo esencial para considerarse “vivo” que es material genético (ADN para nosotros, ARN para él), y aun así no realiza ninguna de las funciones de los seres vivos; no se reproduce, no se nutre ni relaciona, no al menos sin parasitar un huésped primero.
Con esta extraña introducción no quiero más que hacerle ver lo maravilloso y misterioso del ser que estamos tratando, aunque a alguno de ustedes le parecerá verdaderamente terrorífico.

El VIH cuando consigue entrar en el organismo no hace más que buscar a ese huésped que hemos comentado, al que pondremos el nombre de “linfocito T4”. El linfocito T4 es una célula sanguínea que pertenece al Sistema Inmunitario y cuya función es la de alertar y activar al resto de células de este sistema para que acudan y ejerzan su función: neutralizar los microorganismos perjudiciales que entran en el organismo.


Cuando el VIH viaja por la sangre y lo detecta se aferra a él y se coloca junto a una proteína de su membrana llamada “receptor CD4”. Una vez lo ha hecho se vale de ella para introducir su genoma de ARN dentro de la célula y una enzima llamada “transcriptasa inversa” (Imagen 1). El ARN por sí solo no tiene poder, no es capaz de generar una información y, además, es rápidamente destruido por la célula. Esta enzima lee el ARN al revés convirtiendo el ARN en ADN, que es material genético de primera categoría capaz de lanzar y emitir órdenes. Me gustaría mostrarles la trascendencia de esta acción pues, antes de descubrir el virus del VIH, se creía que la retrotranscripción era sencillamente imposible. La función del ARN es transformarse en una proteína y desaparecer, jamás al contrario y nunca en ADN para llegar a mandar. Este virus lo consigue y, gracias a su nueva cadena de ADN, es capaz de introducirla en el núcleo y hacerse con el control de toda la maquinaria celular, convirtiendo al linfocito T4 en su esclavo (imagen 2).

  Una vez que lo ha hecho usa a esta célula, un policía de nuestra sangre, para deambular por ahí sin ser visto y, además, va emitiendo copias al torrente circulatorio que infectarán más linfocitos T4. Como comprenderán, cada vez va pudiéndose activar menos al sistema inmune puesto que la función T4 queda deprimida. Esto también nos llama a poder deducir que si no hay células no hay virus, así que el VIH no se transmite por todos aquellos métodos como cubiertos o urinarios públicos como las películas de Hollywood nos intentan hacer creer. 

  Una vez que el VIH ha infectado hay un episodio de infección aguda que rápidamente es controlado por el sistema inmune aún competente y los virus caen en una especie de aletargamiento aunque, poco a poco, van infectando más T4. Lo normal en estas fases es que los síntomas sean similares a una gripe o a una mononucleosis.

Con el paso de los años el número de T4 en sangre va disminuyendo cada vez más y el VIH aumentando. Esto da lugar a las llamadas “infecciones oportunistas”, que son unas enfermedades que a la población inmunocompetente no les afecta y que son claves para que los sanitarios se den cuenta de que algo pasa con esa persona. Esto se denomina SIDA (Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida) y ocurre cuando la cantidad de T4 en sangre es tan baja que no pueden alcanzar una respuesta inmune de calidad (imagen 3).

  Afortunadamente contamos con las armas para poder detener el VIH, y éstas son los famosos “antirretrovirales”. Algunos bloquean a la transcriptasa inversa deteniendo el ciclo replicativo del virus, otros impiden que el VIH se pegue al receptor CD4 y así sucesivamente, y aunque no son capaces de curar la infección sí pueden atacar a varios lugares del virus para impedirle que se siga dividiendo.

Esto nos llama a definir un nuevo concepto que es “seropositivo”. Muchas veces escuchamos la palabra seropositivo y no sabemos a ciencia cierta lo que es. Seropositivo no es más que tener anticuerpos contra el VIH en la sangre, no significa tener SIDA, y de hecho gracias a los antirretrovirales conseguimos que los virus en sangre sean casi indetectables y restituimos a los linfocitos T4 a sus cifras de normalidad.

El VIH, como les he comentado antes, se contagia por cualquier liquido que tenga células suficientes, generalmente sangre y semen, por lo cual tenemos que tener cuidado en las siguientes situaciones:

Una de estas es la  relación sexual sin protección, en la que se generan microfisuras por fricción entre los órganos sexuales que permiten un intercambio de sangre de un organismo a otro; además, si llega a término y se eyacula dentro el VIH de los espermatozoides, podrá infectar a la pareja, por lo que se recomienda el uso de preservativo en todas las prácticas sexuales para evitar esto. La siguiente es la sanguínea, aunque el compartir agujas o la infección de una herida abierta por otra sangre es raro en los tiempos que corren (pero sigue siendo posible); el VIH es un virus delicado que se muere en contacto con el aire, por lo cual ni picaduras de insectos ni “agujas abandonadas” en la playa o el cine, como circula el rumor, pueden infectarnos. La última de estas es la materno-fetal, mediante la gestación, el parto y la lactancia; el VIH se puede difundir desde la circulación materna a la fetal a través de la placenta y también lo puede hacer a través de la leche, por lo cual se desaconseja a las madres seropositivas dar el pecho.

Las pruebas para detectar el VIH son rápidas y pueden ser pedidas al médico de cabecera. Para que sea fiable hay que esperar unos tres meses después del contacto de riesgo, puesto que esta prueba detecta los niveles circulantes de anticuerpo contra VIH en sangre.

Ahora cada uno puede usar el adjetivo que quiera para definir a este virus: maravilloso, complejo, misterioso, terrorífico, pero desde los “Porqués” hago una llamada a la concienciación de todo el que quiera leer este articulo: protégete tu y protege a los demás.

Bibliografía:
Murray P.R.: “Microbiología médica”. 6º ed. Elsevier (2006).
 
Recursos electrónicos:
Web de Infosida: www.infosida.es

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