Tercera carta secreta de Hernán Cortés

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Letra Enviada a su sacra majestad del emperador nuestro señor, por el capitán general de la Nueva España, llamado don Fernando Cortés, en la cual face relación de los acontecimientos de una grande ciudad muy rica, llamada Churultecal, en la cual hay maravillosas aguas y sierras y señores de grandes tratos y riquezas y ceremonias y ritos, donde ordena el alto noble llamado Sonrisefe. Antes de dar principio largamente a la relación del viage a la ciudad del rey; principios necesarios para conocer donde se funda la principal causa desta carta, muy alto y poderoso y muy católico príncipe, invictísimo emperador y señor nuestro:

En el lugar y sitio donde dicen en sus misteriosos vocablos ciudad de Churultecal, hay más de treinta pequeñas casas pajizas y muy roñosas y en ellas familias de señores viven, y el Señor y cacique de esta ciudad era Sonrisefe; y lo demás dentorno deste pueblo pequeño era una ciénaga de junco y yerba cortadera, la cual ciénaga causaba los manantiales de agua que de la sierra llegaba. Y gran copia de señores de quella ciudad vanagloriaban a Sonrisefe con acatamiento y respeto con cabezas bajas al paso delante dél y regalabanle obsequios muchos en oro fino que desapercibido no pasaron ante los ojos de su ejército y armadas mas compostura guardaron, aunque fray Israel de Cuchillejas prestaba grande atención frotando sus manos con poder convertir quellos señores en nuestra santa fe católica. Y al capitán general de la Nueva España hizosele grandes comedimientos y mesura por Lénia que lo llevó al aposento de Sonrisefe donde luego vino el alto noble apriesa y con grande alegría y pusole una gran plasta de oro en el pescuezo y esto provocó grandes nervios porque tanto oro no había tenido nunca. El capitán general de la Nueva España comió con el alto noble en platinas de oro y en vasos de oro bebía y ansímismo vasijas hechas de oro servíales y traíales en hombros y andas de señores si salía a la ciudad, donde sentabase en asiento de una silla cargado por criados y en su cabeza colocabase una corona hecha de plumas de avestruces o animal parecido teñidas de colorado y su nariz pintada perenne de rojo tenía. Y tenía muchas mujeres, mas tras Sonrisefe salía siempre una mujer que llamaron Mimamoli de edad parecida al alto noble, la cual relucía vestidos de unas vestiduras de lana fina tejida en oro fino y en sus cuellos prolijos de oro muy labradas llevaba. Y tras ella siempre estaba Lénia, de edad lozana, que ibansele los ojos a Javier de Carrillada, mas pendiente estaba de la diversas y grandes comidas que servíase en la ciudad. Y en arrebato de grandes generosidad y alegría, Sonrisefe ordenó organizar una ceremonia a la caída del sol y el capitán general de la Nueva España dióle la orden de entregar carne, pescado y sal a modo de regalo y buenas intenciones del ejército y armadas de su alteza. Y pidióle que su ejército y armadas fueran a conocer a rey de quellas tierras mas Sonrisefe sugirió mediante señas que al amanecer.

Y una gran pieza antes de la caída del sol, todos los señores de quel lugar y todo su ejército y armadas estuvieron en la plaza central de la ciudad donde fuego ardía. Y porque el capitán general de la Nueva España siempre ha deseado de todas las cosas desta tierra poder facer a vuestra alteza muy particular relación, quise desta explicar largamente la ceremonia que vivióse. Y al pronto de la caída del sol apareció una mujer joven, a la que llamaban Zaboma, con una máscara pintada del color de las flores del maíz y con un gorro con dos grandes borlas en lo que en lo alto del tocado llevaba un penacho verde de un ave; sus orejeras eran de oro fino y su camisa y falda bordadas estaban con dibujos de agua; y llevaba en los tobillos unos cascabeles de oro y sonajas de caracoles blancos que sonaban mucho al andar y un escudo llevaba en una mano pintado con una flor donde le colgaban unos rapacejos de plumas de diversas naturalezas y un bordón de caña en la otra mano. Y hacia girar su escudo en un círculo cuando bailaba y también daba golpes contra el suelo para el ritmo de baile marcar con su bordón y todos los señores bailaban al son del ritmo que Zaboma marcaba. Y su ejército y armadas con vino en las manos y grandes alegrías bailaban al son del ritmo del bordón de Zaboma que era de muy ronco sonar y Sonrisefe y gran copia de señores daban grandes saltos hacia arriba con los pies separados y los brazos pegados al cuerpo. Y al punto Lénia y Mimamoli trajeron dos mujeres de edad joven y armoniosas y cautivas de guerra parecían por sus ataduras en las manos y cabeza gacha. Y su ejército y armadas bailar dejaron e inquietos pusieronse porque esas dos esclavas al fuego de la plaza iban sin antes abrirles el pecho y el corazón sacándoles. Y el capitán general de la Nueva España levantóse y acercóse a Mimamoli y Lénia mas unos criados detuvieronle al paso para no interferir en el rito. Y Daniel Deidad del Continente que impaciente andaba desto alzó su dedo que absortos quedaron todos los de quella plaza y al pronto gran copia de otros señores que parecían ser del reino de las esclavas dieron gran grita saliendo del bosque y tiraron de sus venablos y gran copia de flechas cayeron sobre todos los señores de Sonrisefe y de su ejército y armadas. Y Zaboma pasaronle el pecho y salióle la lanza corta por la espalda y murió en un soplo y a Javier de Carrillada rebotóle una lanza que venía sin fuerza en la chaquetilla de cuero. Y vista la agresión corrimos hacia adelante en formación y el capitán general de la Nueva España dióle la orden de tocar trompeta muy duramente y su ejército y armadas contraatacó con tiros de arco que pasaron a gran copia de señores atacantes. Y desto los enemigos gran espanto hubieron pues nunca vieron un tiro de ballesta que hiere tan acertadamente y mata desde tan lejos y los señores de Sonrisefe alzaron los brazos con grandes voceríos y alboroto y tiraron venablos contra los señores atacantes y corrieron detrás dellos y con piedras y platos y flechas muy crudamente mataron como si cuchillas fueran y nada hizose por contenerlos. Y luego que hubieron matado a quellos señores atacantes vinieron a su ejército y armada y tirabanse a tierra y besaban sus pies y abrazaban nuestras rodillas y alaridos daban por contento y gratitud. Y después desto el capitán general de la Nueva España mandó descansar a su ejército y armadas y que asientos tomaran con el beneplácito de Sonrisefe y reuní a unos miembros para la expedición del día siguiente para conocer al rey de quellas tierras.

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