Segunda carta secreta de Hernán Cortés

Leer Primera carta secreta de Hernán Cortés

Letra Enviada a su sacra majestad del emperador nuestro señor, por el capitán general de la Nueva España, llamado don Fernando Cortés, en la cual face relación de la llegada del viage a la tierra desconocida, en la cual acercaronse una gran copia de señores y un alto noble llamado Sonrisefe y que acompañamosle a la ciudad. Antes de dar principio largamente a la relación del recibimiento del alto noble y el viage a la ciudad, importa para la entera noticia decir la historia en que se hallaba su ejército y armadas cuando llegóse a la tierra desconocida; principios necesarios para conocer donde se funda la principal causa desta carta, muy alto y poderoso y muy católico príncipe, invictísimo emperador y señor nuestro:

Desde que embarcóse su ejército y armadas en la nao desta Nueva España de vuestra sacra majestad a cinco días de julio del año de mil quinientos y diez y nueve, y siguiendo el orden que tenía su sacra majestad del emperador nuestro señor, pudieron pasar más de cincuenta y ocho días hasta que divisóse muy a lo lejos tierra. Y con esto su ejército y armadas quedaron muy contentos y confirmados en que ya habían llegado al destino que su alteza propuso y el capitán general de la Nueva España pusierase tan contento por dejar atrás mar que dejó las cavilaciones que distraíanle en su cabeza para más adelante. Dióle la orden al alguacil de soltar amarras para ir a tierra desconocida; esta vez con muy grande precaución de que ningún tripulante de su ejército y armadas ahoganse al salir del barco; Javier de Carrillada bajó de seguro en la canoa de la nao junto con fray Israel de Cuchillejas, el calafateador Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz, el timonero Daniel Deidad del Continente y el capitán general de la Nueva España junto con un canoero y varios remeros. Y saliendo del bosque gran copia de señores, tanto hombres como mujeres y niños, que iban desnudos y en cueros si no fuera porque sus partes tapadas llevaban con un trozo de pañizuela que apenas alcanzaba a taparles las vergüenzas. Y al pronto la canoa pisó tierra y acercaronse y saludaron con grandes voces y alboroto y grandes y mucho mover de manos y mesar caras, brazos, piernas y mucho empujar para poder palpar nuestros cuerpos. Y Daniel Deidad del Continente, que afanado no era en ser manoseado, levantó el dedo de su mano derecha y todos aquellos señores quedaron maravillados y absortos como si de tal poder saliese de quel dedo y fuera obra de majia. Y otros señores espantabanse de nuestros cuerpos, que nunca vieron tan blancas como la leche y pensaban que ilusión era o que traíamosla pintadas de polvos blancos y maravillabanse mucho de que quella nuestro color de piel natural era. Dióles la orden de que nadie tomara el palpar nuestros cuerpos a ofensa aunque a Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz no parecíale mal que sus brazos tocasenles. Y porque el capitán general de la Nueva España siempre ha deseado de todas las cosas desta tierra poder facer a vuestra alteza muy particular relación, quise desta explicar a todas luces el aspecto de quellos señores que eran de piel oscura, enjutos y ñengos, de baja estatura, cráneos redondos con los rasgos acentuados, con ojos tan negros que robados parecían a la noche más oscura y bocas tan grandes que en cada una dellas podían entrar dos hombres. Y al punto de no ver grande peligro, dióle la orden al canoero de que su ejército y armadas viniesen y pisasen tierra firme. Y todos ofrecimos la paz con las manos abiertas y llevando un pequeño obsequio de pescado a modo de regalo y quellos señores no paraban de falar los unos con los otros, mas nadie se atrevía a coger el obsequio. Y con esto, salieron a recibirnos los criados de lo que podría ser un señor de alta nobleza, mas rey de quellas tierras no era, y detrás dél gran gentío vinieron como abejas a miel a nuestra novedad. Y al punto esperar tuvimos gran pieza antes de que dejaranse ver el rostro de quel noble, que estaba levantado sobre silla de madera que cargabanla otros señores y en su cabeza sin pelo portaba numerosas y vistosas plumas de distintos colores y de diversa naturaleza y su cuerpo estaba pintado de colores azules, amarillos y verdes en líneas y su nariz pintada de rojo y en su cuello posaba un collar de dientes de colmillo de cualquier fiera desafortunada y tenía en brazos y piernas adornos de cañas pintadas y un paño que las vergüenzas tapaba. Y bajó de su silla y salió a vernos mientras palpaba el rostro de Daniel Deidad del Continente que volvió a levantar su dedo y en asombro quedóse. Y el capitán general de la Nueva España acercóse al noble que no paraba de esputar algo como Sonrisefe y así llamamosle y luego gran pieza estuvo acariciando el pescuezo con quellos dedos ásperos y paciencia tuve hasta que por satisfecho quedara. Y detrás de Sonrisefe una mujer con considerable juventud salió en tocas de muchos colores y plumajes de diversa naturaleza y el pelo no recogido adornado de prolijos modos y era justa de carnes y con alegre mirada y el noble presentóla como Lénia y Javier de Carrillada invitóla a que tocarale su brazo mas no quiso aunque ofrecióle un obsequio de carne que gustosamente comió sin disimulo aunque más adelante mal sentarle. Ella rióse con una muy vivaz risa y permitióse licencia de tocar el rostro de Daniel Deidad del Continente que faltóle poco para sacar un cuchillo del cinto ante tantas caricias. El noble Sonrisefe volvió a la silla y los criados y los señores fueronse con alboroto y griterío hacia el bosque denso con lo que decidióse en un soplo acompañarles los de la primera canoa y veinte hombres hacia donde sus aposentos encontrabanse.

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