¿Sabías por qué se prende una cerilla?

publicado el 7 Dic, 2015 Miniporques

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El fósforo es fácilmente inflamable a la temperatura de 50ºC. Al frotar la cerilla contra la superficie rugosa se produce un considerable aumento de temperatura en su cabeza. El aumento de temperatura provoca el encendido de la sustancia inflamable, que a su vez prende en la madera.

Los fósforos o cerillas son el claro ejemplo de que un gran invento no tiene porqué ser complicado. Su funcionamiento es simple pero sofisticado y su historia es digna de ser contada.

En China se utilizaban cerillas desde al menos el siglo X d.C. Eran palitos de pino impregnados de azufre.

En 1827, el químico y boticario inglés, John Walker (no confundir con Johnnie Walker) se encontraba en su laboratorio intentando crear un nuevo explosivo. Al remover una mezcla de productos químicos con un palito, observó que en el extremo de éste se había secado una gota en forma de lágrima. Para eliminarla, la frotó contra el suelo del laboratorio, y ¡chas! ésta se encendió. Así fue inventada la cerilla de fricción. Walker escribió luego que la gota en el extremo del palito contenía sulfuro de antimonio, clorato de potasio, goma y almidón. Las vendió bajo el nombre «congreves», en alusión al cohete Congreve (un arma utilizada en el siglo XIX por el Reino Unido), pero el invento fue patentado por Samuel Jones, y comercializado con el nombre de «lucifers» (que significa «portadores de luz»). Estos fósforos presentaban una serie de problemas: el olor era desagradable, la llama era inestable y la reacción inicial era sorprendentemente violenta, casi explosiva, en ocasiones lanzando chispas a considerable distancia, por lo que posteriormente otros grandes inventores mejoraron su diseño.

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