Respondiendo a los misterios del Homo floresiensis

La Isla de Flores (imagen 1), en Indonesia, tiene un ecosistema muy peculiar. Las especies que habitan en esta isla han tenido la oportunidad de evolucionar sin que intervengan en el proceso otras especies invasoras. Los animales, concretamente, han podido prosperar a sus anchas al haber abundante comida vegetal para ellos y no existir especies que los depredaran, como por ejemplo, el Stegodon (imagen 2), una especie de elefante enano que habitó durante el Plioceno y el Pleistoceno, el cual tampoco tenía enemigos naturales por lo que no le fue necesario crecer hasta alcanzar dimensiones gigantescas como sus primos de Asia y África. Además, en esta isla, todavía quedan aborígenes del lugar que, como en todas las culturas humanas, conservan mitos y leyendas muy antiguas. De ellas, hay una que se refiere a unos “hombrecillos” que poblaban la isla antes que ellos y que se llamaban “Ebu Gogo” (que significa: “abuela que se lo come todo”). Obviamente, los relatos de las asombrosas hazañas de los Ebu Gogo no dejaban de ser una más del sinfín de leyendas que ha producido la imaginación del hombre… ¿o no?.

En septiembre de 2003, se descubrió un subfósil (fósil no convertido en piedra) de un esqueleto en la cueva de Liang Bua en la Isla de Flores al cual se le llamó “LB1”. Los elementos del esqueleto LB1 recuperados incluyen un cráneo con mandíbula y una pierna derecha con todas sus piezas completas; las manos, los pies y la pierna izquierda le faltan algunas piezas; mientras que la columna vertebral, el sacro, los omoplatos, las clavículas y las costillas están sólo por fragmentos incompletos. Los resultados de los análisis sugieren que, por el desgaste de los dientes, se trataría de un adulto con, aproximadamente, 30 años de edad, y que, por la anatomía de la pelvis, se trataría de una mujer. Se realizó, también, un análisis a sus muñecas (Tocheri et al, 2007) y se mostró que los huesos que la componen son primitivos y que, morfológicamente, están constituidos de forma diferente a los huesos de la muñeca de los humanos modernos y de los neandertales. Por esto, y en base a otras características tan distintivas, se ha clasificado como una especie diferente: Homo floresiensis (imagen 3).

Sorprendentemente, junto al esqueleto LB1, se encontraron herramientas de piedra que reflejan una capacidad cognitiva muy superior a la que cabría deducir por las dimensiones de su cerebro con 380 cm3 (tamaño de un pomelo) (Falk et al, 2005) frente a una media de 1.350 cm3 para un humano actual. Además, se hallaron pequeños restos de peces, ranas, serpientes, tortugas, aves, roedores y murciélagos. Es probable que algunos de estos restos se hayan acumulado mediante procesos naturales; pero algunos huesos estaban calcinados y esto último es improbable de que haya ocurrido de forma natural en una cueva. También se descubrieron vestigios de dragones de Komodo y de Stegodon. Junto al esqueleto, había restos de otros seis individuos exhibiendo idénticas características que LB1.

Este esqueleto LB1 combina la estatura extremadamente pequeña (1,06 metros) y el volumen craneal (cercano al rango de los Australopithecus), con un mosaico singular de rasgos primitivos en el cráneo y la mandíbula. La pregunta que se cuestiona la comunidad científica es: ¿por qué eran tan bajos?. Una supuesta explicación a este enigma es que es más ventajosa esta estatura a la hora de termorregular su cuerpo en un bosque cálido y, a la vez, húmedo (Roberts, 1978). Otra supuesta explicación sería que estos homínidos sean el producto de un largo período evolutivo donde las condiciones ambientales, como la disponibilidad de recursos, reducción de los niveles de competencia entre especies y la ausencia de depredadores, han favorecido esta estatura pequeña ya que las necesidades energéticas son menores en los individuos.

La datación de los siete ejemplares (incluido LB1) reveló que los más antiguos tienen 74.000 años, mientras que los más jóvenes 12.000 años. Lo impactante es que los registros antropológicos señalan que los primeros Homo sapiens en poner pie en la isla datan de hace 55.000 y 35.000 años. Dicho esto, se puede especular que Homo floresiensis coexistió con los humanos modernos. He aquí el misterio principal en forma de pregunta: ¿cómo pudieron haber interactuado ambas especies?.

El análisis de la geología local sugiere que hubo en la isla una erupción volcánica hace, aproximadamente, 12.000 años. Esta erupción pudo ser la responsable de la desaparición de este pequeño “hobbit”, junto con gran parte de la fauna local, incluido el Stegodon. Sin embargo, los descubridores sospechan que Homo floresiensis pudo haber sobrevivido a esta erupción y habitar en otras partes de la Isla de Flores hasta llegar a ser el origen y fuente de las historias, que cuentan los aborígenes, sobre los Ebu Gogo.

Desde su descubrimiento, se ha contemplado la posibilidad de que el ancestro de este pequeño homínido fuera Homo erectus (imagen 4) ya que, aunque sean de diferentes estaturas, se sabe que éste último vivía en el sudeste asiático en la misma época que los hallazgos más antiguos del H. floresiensis. Además, recientes investigaciones sobre los huesos, que se suman a las ya hechas sobre la mandíbula de LB1 (Lieberman, 2005), han demostrado parecidos morfológicos en el diseño de los huesos (Larson et al, 2007). Sin embargo, hay que tener en consideración que no se han encontrado en la isla restos de H. erectus (y mucho menos formas de transición).

En 2009, en una de las investigaciones más recientes sobre este homínido, se descubrió que el pie de H. floresiensis es excepcionalmente largo en relación con el fémur y la tibia, lo cual es característico de los grandes simios africanos. Por tanto, las proporciones de las extremidades inferiores tienen un diseño primitivo que podría ser anterior al H. erectus. Este último hallazgo plantea la posibilidad de que el ancestro de este peculiar “hobbit” no sea H. erectus, sino algún otro homínido anterior a él cuya dispersión en el sudeste asiático no esté documentada aún (Jungers et al, 2009). Este estudio añade otra controversia científica que obligaría a rehacer el paradigma clásico de la evolución humana.

Sea como fuere, el verdadero misterio del Homo floresiensis (imagen 5) es su coexistencia con los humanos modernos. Se ha planteado la nada extraña perspectiva de que esta criatura marginal fuera exterminada por el Homo sapiens. Si esta afirmación parece aberrante, hay que detenerse a pensar cuál habría sido el destino de una pequeña tribu de Homo floresiensis descubierta en plena era colonial, o hace sólo un siglo…

Bibliografía:
Brown P., Sutikna T., Morwood M.J., Soeiono R.P., Jatmiko, Saptomo E.W., Due R.A.: A new small-bodied hominin frοm the Late Pleistocene of Flores, Indonesia. Nature 431 (7012): 1055-61 (2004).
Falk D., Hildebolt C., Smith K., Morwood M.J., Sutikna T., Brown P., Jatmiko, Saptomo E.W., Brunsden B., Prior F.: The brain of LB1, Homo floresiensis. Science 308, 242-245. (2005).
Garces F.: Historia del mundo sin los trozos aburridos: un paseo por la historia del mundo a través de los momentos más paradójicos de la humanidad. Ariel (2009).
Jungers W.L., Harcourt-Smith W.E.H., Wunderlich R.E., Tocheri M.W., Larson S.G., Sutikna T., Rhokus Awe Due, Morwood M.J.: The foot of Homo floresiensis. Nature 459, 81-84. (2009).
Larson S.G., Jungers W.L., Morwood M.J., Sutikna T., Saptomo E.W., Rokus Aw Due, Djubiantono T.: Homo floresiensis and the evolution  of the hominin shoulder. J. Hum. Evol. 53, 718-731. (2007).
Lieberman D.E.: Further fossil finds frοm Flores. Nature 437: 957-958. (2005).
Morwood M.J., Soejono R.P., Roberts R.G., Sutikna T., Turney C.S.M., Westaway K.E., Rink W.K., Zhao J.-x., Van den Bergh G.D., Rokus Awe Due, Hobbs D.R., Moore M.W., Bird M.I., Fifield L.K.: Archaeology and age of a new homonin frοm Flores in eastern Indonesia. Nature 431, 1087-1091. (2004).
Rebolledo F.: La ciencia nuestra de cada día. Fondo cultura económica de España. S.L. (2008).
Roberts D.F.: Climate and human variability. 2nd ed. Menlo Park, California, Cummings Publishing Co. (1978).
Tocheri, M.W., Orr C.M., Larson S.G., Sutikna T., Jatmiko, Saptomo E.W., Due R.A., Djubiantono T., Morwood M.J., Jungers W.L.: The Primitive Wrist of Homo floresiensis and Its Implications for Hominin Evolution. Science 317 (5845):1743. (2007).

 

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