Recetario para resucitar especies

publicado el 30 May, 2017 Biología Molecular Blog Ecología Zoología

  8 de diciembre de 2016. Lida Xing, paleontólogo de la Universidad China de Geociencias en Beijing, publicó un estudio científico que ha dado la vuelta al mundo. Muchos meses antes, este paseaba por un mercadillo ubicado en el norte de Birmania y, por puro accidente, se fijó especialmente en un trozo de ámbar (imagen 1) que se vendía a un precio no muy desorbitado. Tras negociar con su vendedor, que ignoraba la joya científica que tenía entre manos, este paleontólogo con su equipo y otros investigadores de Canadá y Reino Unido estudiaron el ejemplar que conservaba una cola con plumas de un dinosaurio de 99 millones de años (Xing et al. 2016). Este gran descubrimiento se suma al hallazgo de una mañana de mayo de 2007, en la Península de Yamal (Siberia), donde un pastor de renos encontró una cría de mamut; probablemente el mamut más completo encontrado hasta el momento (Kosintsev et al. 2010; Fisher et al. 2012). Del mismo modo, por casualidad, se encontró en el año 1866 un cachorro de tigre de Tasmania conservado en formol. Son –sobre todo- con estas dos últimas especies, junto con otras como el famoso dodo, cuando algunos científicos se frotan las manos para devolver a la vida actual una especie ya extinta.

El director de cine Steven Spielberg fue uno de los primeros en reavivar el debate de traer animales extintos a la actualidad cuando llevó al cine la novela «Jurassic Park» de Michael Crichton. Este último, escribió que se podía revivir a un animal prehistórico si se tomaba una determinada muestra de ADN de dinosaurio, que se encontraba en la sangre de los mosquitos que, a su vez, estaban en un trozo de ámbar. Una vez extraído el ADN, se podía reconstruir su genoma y completarlo con el genoma de las ranas. Como se cita anteriormente, es todo ficción ya que se descubrió, a raíz de unos fósiles hallados en Nueva Zelanda, que, tras 521 años, solo se conservaría la mitad del ADN, o sea, que el ADN tendría una vida media de aproximadamente medio siglo. Es más, si el fósil se conservara en unas determinadas condiciones ideales, este material genético podría aguantar 6,8 millones de años –y los dinosaurios se extinguieron hace 65 millones de años– (Kaplan 2012). Con este descubrimiento, se descarta que se logren clonar dinosaurios, por lo que la cola de dinosaurio hallada en el mercadillo de Birmania será de gran ayuda para otros fines científicos. No obstante, sigue surgiendo la posibilidad de resucitar animales extintos de hace menos tiempo, provocando que una pregunta salte a la palestra: ¿sería sensato resucitar especies extintas?

Basándonos en el caso del mamut, se sabe que estos eran animales que vivían en manadas, como lo hacen los elefantes actuales. La clonación, que además de tiempo y dinero pueden faltar más avances tecnológicos para llevarla a cabo en óptimas condiciones, daría como resultado a un único animal que viviría en un laboratorio de considerables dimensiones o un zoológico; imaginad la polémica que suscitaría explotar su visibilidad al gran público sin otros fines. Este ejemplo se podría trasladar al hipotético caso del tigre de Tasmania, el dodo, el tigre dientes de sable, el rinoceronte lanudo o el moa.

Hay que destacar que la resurrección de un animal extinto ya se llevó a cabo puesto que el 30 de julio de 2003 nació una cría de bucardo clonada (imagen 2) a partir del último bucardo fallecido, llamada «Celia» (Capra pyrenaica pyrenaica), una subespecie de cabra montés extinta, que apenas llegó a sobrevivir diez minutos por culpa de una afección pulmonar (Folch et al. 2009). Este hecho recogió voces a favor y en contra. La corriente a favor argumenta que la clonación es la única vía para evitar la completa desaparición de la especie; sin embargo, las voces en contra postulaban que el individuo clonado no gozaría de las condiciones necesarias para vivir en plena naturaleza. Por ejemplo, en el caso de la cría de bucardo clonada a partir de Celia, podrían nacer sucesivamente más hembras de bucardo… con el problema de que no existirían machos para cruzar con ellas. Además, hay que destacar que las variaciones genómicas son muy particulares ya que, como le pasó a la cría de bucardo, pueden presentar altos niveles de deformidad y muerte prematura (Chavatte-Palmer et al. 2012) y tanto la ley de bienestar animal como sus comités institucionales de cuidado y uso de animales limitan precisamente este tipo de sufrimientos. Asimismo, la especie es mucho más que su genoma, ¿cómo podría aprender a alimentarse, a cazar o a volar, en un mundo que no está adaptado a sus condiciones, como sí lo estuvo en su momento?

Para más inri, la vuelta de especies extintas pondría en bandeja vectores patógenos. O incluso, podrían crear un desajuste ecológico en un hábitat determinado si invaden otro entorno natural que no es el suyo. Las condiciones naturales que ellos tenían cuando aún habitaban este planeta podrían haber cambiado de forma sustancial. Para esto último, se destaca el ejemplo de la paloma migratoria (Ectopistes migratorius) (imagen 3) cuyo último individuo volaba en el año 1900 por Ohio (Estados Unidos). Ahora Norteamérica, su antiguo hábitat, posee más centros urbanos, más zonas de agricultura y, en definitiva, más ecosistemas transformados sumados a especies invasoras que no había en su época.

No hay que dejar pasar por alto la presión popular por parte de la sociedad que habría. Sería probable que las personas comentarían que los científicos que juegan a ser dioses y que incluso las especies en peligro de extinción dejarían de ser importantes porque habría un método reversible si sucediese su desaparición.

Los beneficios de perfeccionar el método de clonación y hacerlo realidad en óptimas condiciones serían, entre otros, aumentar el conocimiento científico de ver en vivo a especies previamente extintas. Además, esto podría conllevar avances tecnológicos, como concebir nuevos fármacos a partir de plantas extintas o mejoras en la disciplina de ingeniería genética, por ejemplo la sustitución de grandes extensiones de ADN (Wang et al. 2012). Algunos científicos apuntan que la coexistencia en un determinado hábitat entre especies existentes con especies previamente extintas podría ayudar a restaurar ecosistemas extintos o amenazados (Zimov 2005).

¿Y si estamos pensando más en poder lograrlo y no en lo que se hará con el ser vivo resultante?

Bibliografía:
Chavatte-Palmer, P., Camous, S., Jammes, H., Le Cleac’h, N., Guillomot, M., Lee, R. S. F. 2012. Review: Placental perturbations induce the developmental abnormalities often observed in bovine somatic cell nuclear transfer. Placenta, 33, S99-S104.
Fisher, D. C., Tikhonov, A. N., Kosintsev, P. A., Rountrey, A. N., Buigues, B., van der Plicht, J. 2012. Anatomy, death, and preservation of a woolly mammoth (Mammuthus primigenius Blumenbach, 1799) calf, Yamal Peninsula, northwest Siberia. Quaternary International, 255, 94-105.
Folch, J., Cocero, M. J., Chesné, P., Alabart, J. L., Domínguez, V., Cognié, Y., et al. 2009. First birth of an animal from an extinct subspecies (Capra pyrenaica pyrenaica) by cloning. Theriogenology, 71 (6), 1026-1034.
Kaplan, M. 2012. DNA has a 521-year half-life. Nature News, 10.
Kosintsev, P. A., Lapteva, E. G., Trofimova, S. S., Zanina, O. G., Tikhonov, A. N., van der Plicht, J. 2010. The intestinal contents of a baby woolly mammoth (Mammuthus primigenius Blumenbach, 1799) from the Yuribey River (Yamal Peninsula). Doklady Biological Sciences, 432 (1), 209-211.
Xing, L., McKellar, R. C., Xu, X., Li, G., Bai, M., Persons, W. S., Miyashita, T. et al. 2016. A Feathered Dinosaur Tail with Primitive Plumage Trapped in Mid-Cretaceous Amber. Current Biology, (in press).
Wang, H. H., Kim, H., Cong, L., Jeong, J., Bang, D., Church, G. M. 2012. Genome-scale promoter engineering by coselection MAGE. Nature methods, 9(6), 591-593.
Zimov, S. A. 2005. Pleistocene park: return of the mammoth’s ecosystem. Science, 308 (5723), 796-798.

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