Primera carta secreta de Hernán Cortés

Letra Enviada a su sacra majestad del emperador nuestro señor, por el capitán general de la Nueva España, llamado don Fernando Cortés, en la cual face relación del viage hacia tierra que su majestad propuso. Antes de dar principio largamente a lo acontecido en la llegada a tierra desconocida, importa para la entera noticia decir la historia en que se hallaba su ejército y armadas durante el viage; principios necesarios para conocer donde se funda la principal causa desta carta, muy alto y poderoso y muy católico príncipe, invictísimo emperador y señor nuestro:

Embarcóse su ejército y armadas en la nao desta Nueva España de vuestra sacra majestad despaché a cinco días de julio del año de mil quinientos y diez y nueve, y siguiendo el orden que tenía su sacra majestad del emperador nuestro señor, atravesaron el mar. Días después de partir, levantóse a media noche tan gran tormenta de viento que la nao sufrió en sus maderas y poco movible quedó, y arreciendo ese bronco viento, el capitán general de la Nueva España decidió ir a tierra canaria próxima para calmar ánimos y lamentos de su ejército y armadas; la mala suerte acompañó cuando al salir diez hombres a tierra casi ahogóse uno de ellos, Javier de Carrillada, maquinillero de la nao, de piel blanca como el marfil y con ojos azules que bien delataba un aspecto más nórdico que de persona de Cádiz. Los días siguientes esta gran tormenta continuó y la nao perdió amarras y echaron al agua pipas de vinos y algunas mercaderías. Y pasado este temporal, el capitán general de la Nueva España pidió al alguacil que amarras soltaran y poder embocar al mar. Durante varios días abonanzó el tiempo con lo que la armada alegraronse mucho y comieron y bebieron vino y cantaron. Entre tanto cante, vino a verme Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz, que era calafateador axarafeño de piel morena y rostro morisco, que si no fuese porque sus progenitores conociese podría pasar por polizón a todas leguas. Y él miróme con ojos inquietos y dijome luego que un monstruo tintero de mar gigante podíanos atacar durante viage y sin decir más volvióse a sus menesteres. Lo que preocupóme de tal manera porque susodicho era muy ducho en viages por estos mares, mas no quería que en las comparecencias ante su ejército y armada fuese temeroso ante tal fantasía. Y el cielo siempre azul y transparente tiñóse al principio de blanco y luego de gris llameante; las nubes cabalgaron con velocidad de ejércitos a caballo. El temporal tornó semblante de muerte de súbito junto con un feroz y asolador viento que encrespó las olas de quel mar. Dióle al timonero de la nao, Daniel Deidad del Continente, oriundo del Reino de Sevilla, amador de las buenas parlas y con grandes conocimientos, tanto que platicaba hasta con sus manos, que la nao fuese a estribor, mas por la fuerza mezclada con el viento impedía controlar bien la nao de su sacra majestad del emperador nuestro señor. Y al punto con las oleadas golpeando los costados de la nao un brazo muy grueso, que apenas distinguíase a la pálida luz diurna que penetraba hasta allí habíale cogido estrechándole por la mitad del cuerpo a Antonio Shaves, un buen halacuerda desprovisto de pelos en la cabeza, que soltó gran grita de voces y gruesas palabras con un ya está aquí mientras engullíase en las oquedades del abismo del mar. Al pronto, su ejército y armada enseguida cuenta dieronse que delante dellos brillaban dos ojos grandes redondos los cuales miraban de tal modo que parecían comer carne de hombre. Y su ejército y armada sacaronse las armas del cinto y con tajo rápido por entero de quellos miembros cortaron que tan extraordinaria fuerza tenía. Y en un soplo Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz corrió entonces empuñando el hacha y no obedeciendo más que a la rabia comenzó a luchar contra los gigantescos brazos de quel monstruo tintero hachazos desesperados tirándoles, conforme el gigante hundíase en todas partes soltando un líquido denso oscuro que despedía un fuerte olor a musgo. Y porque el capitán general de la Nueva España siempre ha deseado de todas las cosas deste viage poder facer a vuestra alteza muy particular relación, quise desta explicar a todas luces lo que quel grande tintero hizole a la nao de su majestad del emperador nuestro señor. Quel monstruo gigantesco daba miedo, era de enormes dimensiones pues debía de pesar más de una tonelada, blancuzco, casi gelatinoso, con brazos de más de seis metros por lo menos de largo, provistos de un número grande de ventosas destinadas a chupar la sangre de su ejército y armada y con un pico tremendo formado por una sustancia córnea que parecíase en la forma al de los loros. Y Antonio Shaves fue el primer muerto en la nao de su majestad del emperador nuestro señor, de lo que gran pesar y tristeza hubimos. Y fray Israel de Cuchillejas, del Real Monasterio de Santa María, donde aderezó su carrera monástica, ofició una misa y rezábamos muy devotamente como buenos cristianos y cada uno pedía a Dios en su corazón salir con bien de todo quello y el capitán general de la Nueva España pedía además la pronta tornada por relatar en persona a su majestad todo lo vivido que no caben en letras.

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