Peak Oil y petróleo no convencional

publicado el 30 May, 2013 Blog Tecnología energética

  ¿Alguna vez te has preguntado por qué nuestra sociedad ha mejorado tantísimo en los últimos años? La economía, la tecnología, el nivel de vida… incluso la cantidad de población han aumentado considerablemente en las últimas décadas. ¿Y por qué? Pues simplemente porque podíamos. La economía global y su crecimiento están directamente relacionados con un aumento de la demanda de energía. Es aquí donde entra en juego el concepto de Peak Oil o cenit de producción del petróleo.

  En los años 50 el geólogo M. K. Hubbert estudió el comportamiento de los pozos petrolíferos y se dio cuenta de que, una vez que un pozo comenzaba a producir petróleo, era sólo cuestión de tiempo que empezase su declive. Resulta que conforme los pozos se agotan cuesta más extraer el petróleo (debido a que la presión natural del yacimiento desciende) tanto desde un punto de vista económico como energético, y llega un momento en el que se utiliza más energía en extraer el petróleo que la  que éste contiene.

  Hubbert predijo, con 20 años de antelación, que el pico de producción de EE.UU se daría en 1970, y describió con bastante precisión la producción petrolera del estado americano. La siguiente gráfica representa el comportamiento real que ha tenido la producción de petróleo crudo de EE.UU, y en ella se puede observar el cenit de 1970 seguido de diferentes repuntes debidos al avance en la tecnología, así como nuevos yacimientos que no le dan la vuelta a la situación pero si extienden la producción en el futuro (imagen 1).

 

  La Teoría del Pico de Hubbert predice que la producción global de petróleo también llegará a un máximo y después empezará a decaer tan rápido como creció. Además es una teoría aplicable para otros recursos fósiles como el gas natural o el carbón, y en general para cualquier tipo de recurso limitado. Se entiende por Peak Oil como ese pico de producción a partir del cual la extracción de petróleo global comienza a decaer.

  La Agencia Internacional de la Energía (AIE), reconocida como la fuente más autorizada de análisis estratégico de los mercados mundiales de energía, publicaba en su World Energy Outlook 2010 (WEO, 2010) que el pico del petróleo convencional se produjo en 2006. De hecho la producción de petróleo en ese año era de 70 millones de barriles diarios (mbd) frente a la actual 25 mbd de 2013.

  Teniendo en cuenta la escasez de petróleo y el hecho de que la demanda de energía mundial cada vez es mayor, los países han comenzado a preocuparse seriamente por su seguridad energética (disponibilidad ininterrumpida de fuentes de energía), y a desarrollar otros recursos como las energías renovables o el gas y petróleo no convencionales (arenas asfálticas, pizarras bituminosas, petróleo ultrapesado, biocombustibles…).

  Estos últimos recursos son muy controvertidos porque, aunque representan una interesante fuente de energía, se encuentran en unas condiciones de difícil extracción y requieren del empleo de una tecnología especial que provoca además grandes daños medioambientales. Sin embargo, el pasado miércoles 16 de enero del 2013, el periódico inglés “The Guardian” publicó que el descubrimiento de las nuevas reservas no convencionales podría satisfacer la totalidad del aumento de la oferta mundial de petróleo hasta el final de esta década. La compañía energética British Petroleum (BP) predice que para el 2030 EE.UU será autosuficiente en energía gracias al explosivo crecimiento de sus esquistos bituminosos (rocas sedimentarias con alto contenido de querógeno que produce petróleo cuando son calentadas.), por lo que se tienen grandes expectativas respecto a estas nuevas fuentes.

  El problema de estos recursos es el mismo que el de todos los no convencionales: las características de los yacimientos (imagen 2).

  En la imagen anterior se observan las diferencias entre un yacimiento convencional frente a uno no convencional.

  Los yacimientos de petróleo convencionales están formados por arenas porosas y permeables, es decir, que los agujeros de las rocas forman canales por los que el fluido puede circular fácilmente y, accediendo a un único punto, podemos disponer del resto del petróleo. Además no es extraño que estos yacimientos tengan bolsas de gas natural.

  En el caso de los yacimientos no convencionales los hay de diferentes tipos (imagen 3).

  El petróleo en capas o tight oil (petróleo de roca compacta) no es otra cosa que petróleo convencional atrapado entre rocas no permeables, en la mayoría de los casos pizarra. Para acceder a él se recurre a una técnica llamada fractura hidráulica o fracking, que consiste en perforar las rocas con tuberías de ramales creando una porosidad artificial e inyectando agua y arena a presión, junto con compuestos químicos que favorecen el flujo. El mismo método se utiliza para extraer el gas de esquisto o shale gas (burbujas de metano enganchadas en las láminas de la pizarra).

  El impacto medioambiental de este procedimiento genera un intenso debate cuya raíz principal se asienta en la composición del cóctel químico, incentivado en gran medida por las imágenes del documental Gasland. En dicho documental ciudadanos de Colorado acercaban un mechero a un grifo de su vivienda que, debido a la contaminación de los acuíferos, proporcionaba agua inflamable. Análisis realizados por la organización The Endocrine Disruption Exchange (TEDx) alertan que, de las 362 sustancias claramente identificadas, el 25% son cancerígenas, el 37% pueden afectar al sistema endocrino, más de 50% pueden causar daños en el sistema nervioso y casi el 40% provocan alergias.

  Otro de los daños ambientales constatados es el registro de terremotos provocados por la fractura de las láminas de la pizarra y la lubricación con agua. El 8 de Enero del 2013, el periódico ABC publicaba la denuncia en el juzgado de Jaén contra la empresa Oil and Gas Capital debida a los más de mil seísmos producidos en la localidad, el mayor de ellos de 3,7 grados en la escala de Richter. Esta compañía recibió en abril del año pasado dos permisos para realizar prospecciones en la provincia de Jaén en busca de gas mediante el fracking.  El pasado 29 de Marzo, National Geographic News anunciaba el mayor terremoto de la historia de Oklahoma, de 5,7 grados, vinculado a la inyección de agua a grandes presiones (imagen 4).

  La lista de posibles riesgos es amplísima, y así podríamos seguir enumerando: el consumo excesivo de agua, la emisión de gases de efecto invernadero, el impacto sobre el territorio…

  En realidad no sólo estos sino todos los recursos no convencionales son explotables por el fracking quitando el petróleo extrapesado y el shale oil o esquistos bituminosos responsables del boom energético que está viviendo EE.UU. Se intentan explotar comercialmente desde hace décadas y se estima que hay en todo el mundo entre 2,8 y 3,3 billones de barriles, más de la mitad en los EE.UU.

  Sin embargo, un fallo muy común es no comprender que tener recursos almacenados en un barril, listos para su uso, no es lo mismo que tener reservas para su explotación, la cual depende de factores económicos y en mayor medida de la TRE (Tasa de Retorno Energético), que es el parámetro que mide la energía que tiene un recurso frente a la energía necesaria para extraerlo. La TRE debe ser superior a 10 para que la explotación sea rentable, y el problema es que el shale oil tiene una TRE de 2 (Cleveland & O’Connor, 2011).

  Por lo tanto, y resumiendo lo visto, a medida que se van notando los efectos de que estamos en el ocaso del petróleo, han sido los no convencionales los que han permitido seguir satisfaciendo la demanda, eso sí, a unos precios cada vez mayores. El espectáculo mediático en torno a la ansiada independencia energética de EE.UU. se basa en la extrapolación del crecimiento de la extracción del petróleo no convencional. Suponiendo que la tecnología avance de aquí a un corto plazo de tiempo lo suficiente como para que su explotación sea energética y económicamente beneficia, y a cambio de unos daños colaterales nada despreciables que atentan contra la salud del planeta y de las personas.

  La verdad sobre el problema de la crisis del petróleo es que va demasiado rápido como para reaccionar ante ella, y cuando se quiera hacer algo faltará tiempo y capital.

Bibliografía: 
Marzo M.: “El declive de la producción de petróleo convencional”. Daphnia, 50, 19-21 (2009).
World Energy Outlook: Oil Market Outlook, A peak at the future?, 101-141 (2010).
Cleveland C.J.; O’Connor P.A.: “Energy Return on Investment (EROI) of Oil Shale”. Sustainability, 3, 2307-2322 (2011).
 
Recursos electrónicos:
Web de The Guardian: www.guardian.co.uk
Web de International Energy Agency: www.iea.org/
Web de National Geographic: http://news.nationalgeographic.com/
Web de British Petroleum: www.bp.com/
Web de  The Endocrine Disruption Exchange: www.endocrinedisruption.com
Web de ABC: www.abc.es/
Web de Sener: www.sener.gob.mx/

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