Multirregionalismo out Africa, ¿una vieja idea aún viva?

publicado el 15 Dic, 2016 Antropología Blog

  Cuando en el siglo XVII, Steno empieza a alucinar con las famosas «lenguas de piedra» (dientes fósiles de tiburón), parece que él fue el primero en darse cuenta que las «lenguas de piedra» y los dientes de tiburón no eran más que la misma cosa. Él advirtió que las rocas donde estaban incrustadas dichas «lenguas de piedra» antes fueron sedimentos blandos. Por su parte, Robert Hooke -el de las células y archienemigo de Sir Isaac Newton-, también en el mismo siglo, estimó, calculando la velocidad de sedimentación, que la tierra debía tener centenares de millones de años como mínimo; pero en pleno siglo XVII pocos le hicieron caso.

La polaridad en las teorías científicas es algo casi característico de la propia ciencia: primero se observa el hecho, luego surgen las teorías que casi siempre se parecen enfrentar hasta que finalmente una es la que vence; en el caso de las «lenguas de piedra», algunos científicos de los dos siguientes siglos se cautivaran por una opción u otra, unos se dejarán llevar por el velo de su época y el contexto de sus propios anhelos; otros, librados de ese velo, defenderán un modelo lento y parsimonioso más acorde a los datos y la observación científica… surge en este escenario el catastrofismo/fijismo vs. uniformismo/gradualismo. El primero con el objetivo de hacer casar la sacra tradición de las escrituras y el segundo más acorde con la observación de los procesos actuales. Buffon -primer catastrofista «serio»- estaba convencido que la tierra era joven, de unos 80.000 años como mucho, a pesar de que sus cálculos iniciales le daban una cifra mayor. En el siglo XIX, Lyell y Hutton introdujeron el uniformismo (la tierra debía tener millones de años) todo lo que vemos responde a un lento y gradual cambio. Aunque hoy entendemos los procesos geológicos bajo el prisma de Lyell y Hutton, quedan aún algunos argumentarios que defienden que algunos procesos son de carácter catastrófico como el meteorito de la extinción de K-T (Cretácico-Terciario) y las megas erupciones del Decán en la india o la de Siberia que contribuyó a la extinción del Pérmico. De la misma forma que en geología se polarizaban los modelos, en biología ocurría lo mismo con los modelos gradualistas vs. fijistas y, más tarde, con los saltacionistas de los que nuevamente algunos se agarraron cuando S. J. Gould y Niles Elderedge propusieron el equilibrio puntuado.

Algo parecido ocurrió con la evolución humana dos modelos enfrentados (Multirregionalismo vs. Out of Africa) hasta que las pruebas arqueológicas y paleontológicas han terminado por decantar la balanza hacia la hipótesis salida de África. Hace unos 40 años, la opinión preponderante era que existía una continuidad entre Homo neanderthalensis y Homo erectus y humanos modernos en Europa y Asia, respectivamente. El argumento era simple: los chinos (asiáticos) venían del hombre de Pekín (H. erectus) y los Europeos del Neandertal (H. neanderthalensis). A esta controvertida hipótesis se le llamó «multirregionalismo». En líneas generales, la idea de la hipótesis multirregionalista es que H. erectus se propaga por toda Eurasia y, de manera independiente, va generando hombres modernos en cada continente, como asiáticos, africanos y europeos. Dicho de otro modo, allí donde hay humanos modernos hubo fósiles de hombres antiguos y cada fósil debe ser considerado en potencia un antepasado.

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La hipótesis contrapuesta es «Out of Africa», es decir, toda la humanidad tiene un origen reciente netamente africano (imagen 1); es la idea preponderante de los últimos 30 años, la humanidad moderna salió de África en algún momento hace unos 70.000 años y sustituyeron a todas las formas humanas previas.

Sin embargo, y de la misma forma que se ha expuesto anteriormente con los modelos anteriores catastrofismo/gradualismo, etc. esta idea parece estar sometida a prueba actualmente. Hace 70.000 años,  los humanos modernos que salieron de África se entrecruzaron con los neandertales y este hecho demostrado por la genética reabre también un viejo debate sobre la definición de especie: dos especies diferentes lo son porque existe un aislamiento reproductivo. Aunque usualmente es una definición satisfactoria para nuestras construcciones y artificios en taxonomía, las especies no son unidades discretas sino continuas y separar el punto donde algo empieza y algo termina no es en realidad abrupto. De la hibridación entre neandertales y el humano moderno se puede pensar que, en realidad, pertenecía a la misma especie, pero como defiende C. Stringer debemos considerar a estas dos identidades especies distintas, no solo desde el punto de vista morfológico, sino también por su historia separada de la nuestra por al menos 400.000 años.

Por otro lado, tenemos en Asia a los denisovanos, estas inusuales gentes que habitaron Siberia y de la que solo tenemos unas falanges y su preciado ADN del que se infiere que eran también una especie diferente y que, al igual que con los neandertales, una buena parte de los habitantes de este planeta -los habitantes del sudeste asiático- hibridaron con ellos. Por desgracia, no sabemos cómo eran, qué aspecto tenían, cuál era su industria lítica, pero quizás algunos fósiles asiáticos puede que pertenezcan a los denisovanos y no lo sabemos.

El alrededor del 3% de ADN neandertal que compartimos todos los humanos no subsaharianos es una cantidad insignificativa, aun con las recientes investigaciones y descubrimientos de cómo han influido en nosotros esta pequeña cantidad de ADN. En definitiva, los avances en genómica, los asombrosos resultados de Svante Päävo, los descubrimientos asociados a los genes arcaicos de este año, como los publicados en las revistas Nature y Science sobre muchas de nuestras enfermedades, heredadas al parecer del Neandertal, nos hace plantearnos si somos puramente o genuinamente africanos. En esencia sí, ninguna de estas hibridaciones invalida la hipótesis «Out of Africa», pero puede hacernos repensar lo complicada de nuestra evolución y caer en la falsa tentación de rescatar un poco la esencia del multirregionalismo, no como defendían los autores Milford, Alan Thorne y Wu Xinzhi en los años 80 de una humanidad (H. sapiens) evolucionando toda ella a partir de H. erectus, sino al menos un poco en la parte en la que defendían que existió un flujo genético entre todas estas poblaciones arcaicas. Quizás sí podemos asumir como cierto que en nuestra evolución las poblaciones arcaicas han contribuido de alguna forma a modelar nuestro linaje que salió fuera de África, quizás podemos ver ahora al multirregionalismo un poco vivo y no como una vieja y desahuciada idea. Sin embargo, seguimos siendo en esencia lo que somos, Homo sapiens que un día salieron de África para ocupar lentamente y sustituir todas las poblaciones primitivas, aunque por el camino nos llevásemos dentro de nosotros una parte de ellos.

Bibliografía:
Brockman J.: “Vida”. Ed. Crítica, Barcelona (2012).
Simonti C.N., Vernot B., Bastarache L., Bottinger E., Carrell D.S., Chisholm R.L. et al.: “The phenotypic legacy of admixture between modern humans and Neandertals”. Science 351(6274): 737-741 (2016).
 

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