Los Porqués de las Emociones: la risa liberadora

publicado el 15 Jul, 2014 Blog Psicología

  El lenguaje es lo que nos hace humanos, lo que nos diferencia de otras especies animales. Pero también la capacidad de reír y llorar, y esto es completamente opuesto al lenguaje. Para reír y llorar de verdad tenemos que abandonarnos a este acto, no es algo que podamos controlar (Plessner, 2007). Las personas tenemos estas dos capacidades opuestas y ambas son las que nos definen como diferentes a otros seres. ¿Qué es lo que las hace tan especiales? En concreto, trataremos el porqué nos reímos. Normalmente, podemos tener autodominio sobre la conmoción que nos lleva al llanto; pero la risa…A veces incluso tenemos que hacer verdaderos esfuerzos para no reír, por ejemplo, cuando estamos en una biblioteca y hemos visto o leído algo gracioso, que nos produce risa inevitablemente aunque sepamos que no debemos hacerlo. Es incluso este entorno que no nos permite reír en libertad, lo que nos produce aún más ganas de hacerlo y menos capacidad de control. Pero esta, podríamos llamar, como pérdida de dominio de uno mismo, puede ocurrir igualmente con un motivo expresivo (Plessner, 2007), con intención de decir algo. Al reír y al llorar queremos comunicar algo, expresar algo. Es cierto que se puede reír por muchos motivos: reír de alegría, risa nerviosa, risa “tonta”, reír de un chiste, de uno mismo, de otro, de todo, de nada… ¿son estas risas iguales para todas las personas en cualquier punto del mundo?

Paul Ekman, importante psicólogo dedicado al estudio de las emociones y su expresión fisiológica, realizó varios estudios comparativos acerca de la expresión facial emocional en diferentes lugares del mundo. En concreto, estudió una tribu aislada de Nueva Guinea y concluyó que los patrones de expresión emocional responden a elementos innatos y no aprendidos, puesto que los que allí encontró se correspondían a los observados en muchos otros lugares, aunque se tratara de una tribu que se ha desarrollado aislada del contacto con otras civilizaciones (imagen 1). Esto mismo también fue confirmado por una investigación en la que participaron niños con ceguera  de nacimiento y niños con capacidades visuales intactas, en la que se observó que todos ellos producían expresiones faciales similares ante las mismas emociones. Además, se evidenció que la expresión de las emociones, pese a que no es aprendida de manera vicaria, sí que es regulada por la cultura en la cual se encuentre inmerso cada individuo.

En la manifestación de la expresión de risa o la sonrisa, también encontramos evidencia de la diferencia entre realizarla de manera voluntaria o espontáneamente. Concretamente, el médico francés Guillaume Duchenne determinó que las sonrisas que se emiten de manera natural contraen los músculos faciales orbicular y cigomático mayor, mientras que las producidas voluntariamente únicamente implican al segundo de estos. Esta risa natural es conocida como “sonrisa de Duchenne” (imagen 2). Solo las verdaderas emociones son capaces de activar el músculo orbicular (Redolar, 2014).

En cuanto a los motivos de nuestra risa, todos podemos decir que nos reímos porque encontramos algo cómico. Lo cómico es lo que llama la atención, chocante, fuera de lugar, contradictorio, con doble sentido, sin explicación, sin sentido… “por eso incita a la risa la estupidez mucho más que la inteligencia”. Solo los humanos somos propiamente cómicos, porque pertenecemos simultáneamente a varios planos de existencia. Lo cómico no tiene un origen social, pero sí es social su medio. No es un producto meramente social, aunque la sociedad cambia lo que resulta cómico en un momento histórico u otro, puesto que la comicidad va cambiando junto con las normas (Plessner, 2007).  Sin embargo, lo cómico sí es un acto comunicativo. Una provocación cómica no es nada si no es captada por alguien de quien obtiene una respuesta. Es por esto que lo cómico se desarrolla en sociedad. Esto no quiere decir que necesariamente deban verse implicadas varias personas, sino que se puede ser receptor de la provocación cómica que uno mismo produce.

Cuando hablamos de risa por timidez o risa por desesperación, estamos cayendo en una contradicción, pues antes hemos dicho que reímos como forma de alivio, de alegría, como elemento liberador. En la situación en que nos sentimos tímidos o desesperados, la risa queda fuera de lugar. Es posible que, en estos casos, la risa sea una vía de escape ante la situación que nos hace sentir mal en algún sentido; pero no es el único motivo. Cuando nos sentimos tímidos o desesperados no sabemos qué hacer para ajustarnos a la situación que nos provoca este estado, para responder correctamente a ella. Eso es lo que tienen en común la timidez y la desesperación, y es por ello que casi cualquier respuesta vale. Podemos  reír por timidez o llorar de desesperación, o quedarnos callados en ambos casos. Como ninguna respuesta se ajusta a lo esperado, cualquiera de ellas es posible.

Solo incitan a la risa las situaciones que exponen al hombre a la pérdida de control de sí mismo, sin llegar a ser realmente amenazadoras (Plessner, 2007). Si existe la posibilidad de una respuesta, en una situación positiva el hombre usará su intelecto y saldrá airoso de ella. Si es una situación negativa, huirá para evitar el peligro. Únicamente se toma la vía de la risa cuando no existe otra respuesta que se ajuste mejor a la situación.

La risa es, por sí misma, placentera, aunque no alegre necesariamente. El placer que produce reside en su capacidad para descargar tensiones, para producir la sensación de abandono a ella y de liberación, y también por su capacidad para dar una respuesta a situaciones en las que no encaja ninguna otra.

Como hemos visto, existen varias explicaciones en cuanto a porqué nos reímos y los diferentes tipos de risa que encontramos. Aun así, sigue siendo un tema que llama la atención de investigadores y estudiosos del tema. Hace poco tiempo, ha surgido incluso un nuevo campo de estudio: la gelotología, el estudio de la risa y su efecto en el hombre y la sociedad, así como los cambios fisiológicos que produce.

En cuanto a la fisiología de la risa, existen estudios que aluden a la implicación de las áreas en las que se encuentran las neuronas espejo. Estas células parecen involucradas en la imitación de los otros, produciendo un mejor ajuste social y ayudando al aprendizaje. Concretamente, al escuchar sonidos, las zonas cerebrales de las neuronas espejos se activa, así como las zonas motoras, responsables del movimiento del cuerpo. La escucha de vocalizaciones como risas y gritos de alegría, por ejemplo, activan las mismas áreas cerebrales encargadas de sonreír, lo que nos sugiere la existencia de un reflejo especular implicado en la reproducción de emociones positivas a través de vocalizaciones (Iacoboni, 2009). Este mecanismo reflejo parece ser muy importante a la hora de establecer lazos sociales, puesto que al reírnos por un mismo motivo, otros individuos percibirán que entendemos la situación de la misma manera, y eso hará que nos sintamos más semejantes a los otros. La zona del cerebro que relaciona el área de las neuronas espejo con las áreas motoras es la ínsula (imagen 3).

Como hemos visto, puede haber muchos motivos para reír, respondiendo a diferentes necesidades tanto personales como sociales, y este tipo de risa puede ser diferente en función de la situación en  la cual aparezca. Aun así, todavía podemos seguir preguntándonos en qué momento de la evolución del hombre apareció esta capacidad y comenzamos apreciar la belleza de una sonrisa, el sonido melódico de una risa alegre.

Bibliografía:
Icoboni, M.: “Las neuronas espejo. Empatía, neuropolítica, autismo, imitación o de cómo entendemos a los otros”. Katz Editores (2009).
Plessner, H.: “La risa y el llanto”. Ed. Trotta (2007).
Redolar, D.: “Neurociencia cognitiva”. Editorial Médica Panamericana (2014).

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