Los líquenes, testigos naturales

publicado el 30 Nov, 2013 Blog Botánica

  A menudo, incluso nosotros los científicos, nos movemos por el mundo sin darnos cuenta de las maravillas microscópicas de la naturaleza que, lentamente, crecen a nuestro alrededor. Y no me refiero a cuando nos escapamos al bosque o a la dehesa a pasear, sino también cuando simplemente caminamos de un punto A a un punto B en nuestra ciudad.

  Inevitablemente, los árboles se imponen ante nuestros ojos por su tamaño, las flores destacan con sus colores y formas, y la capacidad de movimiento de los animales los hace seres imposibles de ignorar. Incluso los hongos se nos hacen patentes de vez en cuando con sus protuberantes aparatos reproductivos (disculpen mi atrevimiento). Sin embargo, se nos escapa a la vista gran parte del mundo natural que nos rodea, ya sea por su “microscopísimo” tamaño, o por su (aparente) simplicidad. Así que, esta vez, me gustaría hablar de esas coloridas crústulas que, disimuladamente, cubren rocas, cortezas de árboles e, incluso, hojas a veces: los líquenes (imagen 1).

  A pesar de su sencillez aparente, los líquenes son unos organismos simbióticos de una enorme complejidad. Están formados por la asociación entre un organismo con capacidad fotosintética (un alga o cianobacteria) y un hongo. El fotobionte ofrece la energía necesaria para vivir a partir de la absorción de luz (de ahí su nombre: foto– luz y bionte– organismo vivo), y el organismo fúngico a cambio le procura las condiciones adecuadas para sobrevivir fuera del agua (imagen 2). Así, se crean formas y estructuras que van desde las más simples cortezas planas incrustadas en las superficies, hasta las más intrincadas redes que crecen en tres dimensiones sobre pies enterrados en el sustrato. Las tonalidades varían entre los pardos verdosos hasta brillantes amarillos y rojos, y existen incluso líquenes capaces de producir sustancias venenosas como el Letharia vulpina, cuyo nombre ya nos sugiere lo que puede hacer: viene dado por su uso tradicional para matar lobos y zorros. Este liquen es de un color amarillo-verdoso brillante, producido por un pigmento, el ácido vulpínico, que es un anticoagulante, y que provocaba en los animales derrames internos que concluían con su muerte. Cuando se trabaja con este organismo, los científicos se ven obligados a utilizar mascarillas y guantes si quieren evitar que la nariz empiece a sangrarles profusamente (imagen 3).

  Tradicionalmente, los líquenes no han supuesto un grupo de organismos muy dado a ser investigado. Hasta el siglo XIX, los líquenes fueron agrupados morfológicamente en el cajón de sastre simplemente denominado Lichen. Fue Erik Acharius (imagen 4), un discípulo de Linneo (afamado naturalista y botánico sueco), quien (entre 1798 y 1814) sentó las bases taxonómicas del grupo. Todavía tuvo que pasar medio siglo más hasta que Simon Schwendener sentenció que los líquenes no eran un solo organismo, sino dos. Otros pocos años pasaron antes de que Jean-Baptiste Édouard Bornet descubriera que estos dos organismos se complementaban mutuamente (en un momento en el que todavía se dudaba de eso que los científicos empezaban a llamar “simbiosis”).

  Actualmente, los líquenes han adquirido una enorme importancia, dada su capacidad como bioindicadores de contaminación ambiental (es decir, que a través de su estudio se pueden obtener datos sobre niveles de contaminación). Además, por sus características morfológicas, los líquenes son organismos muy resistentes, con muy pocos requerimientos en cuanto a donde se asientan y, por lo tanto, capaces de sobrevivir en ambientes inhóspitos. En condiciones adecuadas de humedad, con la absorción de agua, el hongo potencia la realización de fotosíntesis por parte del alga, y el liquen genera nuevos tejidos y crece. Si el entorno se vuelve demasiado hostil, los líquenes tienen la capacidad de permanecer en estado de latencia hasta que el medio se vuelva más favorable.

  Ya en el siglo XIX algunos científicos se dieron cuenta de que en ciudades industrializadas la biodiversidad de líquenes disminuía o cambiaba, y se realizó una conexión entre contaminación del aire y la evolución comunidades liquénicas. Pero no sólo la presencia o ausencia de estos organismos nos ofrece información sobre la polución aérea. A menudo, dada su fuerte resistencia, los líquenes sobreviven a los agentes contaminantes; pero estos son retenidos en sus tejidos. De este modo, si se analizan muestras recogidas en diversas áreas, se pueden establecer correlaciones entre los niveles de sustancias tóxicas en los líquenes y la contaminación atmosférica. Es aquí donde radica la importancia de las colecciones de líquenes: estudiando una serie de organismos recogidos en un área geográfica en una fecha determinada, se puede conocer el estado de contaminación de esa área en ese tiempo. Comparándolo con muestras actuales, se sabrá, por lo tanto, cómo ha evolucionado ese lugar si se encuentra en mejor o peor estado de polución.

  Actualmente, el número de estudios de contaminación a través del monitoreo de comunidades de líquenes está en aumento. Se están desarrollando a través de la colaboración entre diferentes instituciones científicas alrededor del mundo, pero también se está promoviendo la colaboración con centros de enseñanza, en los que los profesores y estudiantes (de todas las edades) realizan tareas de recolección y análisis.

  Los líquenes son, en definitiva, humildes cuadernos de bitácora de la naturaleza, con los que podemos remontarnos a siglos atrás, y a través de los que podemos aprender tanto sobre su historia como sobre la nuestra propia.

Bibliografía:
Cabrera S., Giacobone G.:  “Monitoreo de líquenes como  bioindicadores de contaminación”. Agencia de Protección Ambiental, Ministerio de Ambiente y Espacio Público, Buenos Aires, Argentina (2008).
Kricke R., Feige G.B.: “Urban Air Pollution, Bioindication and Environmental Awareness: Bioindication with lichens in the Ruhr Basin”. University of Hohenheim Publications (2004).
Richardson D.H.S.: “Bioindicators and Environmental Management: Lichens as Biological Indicators – Recent Development”s. Elsevier Science – Academic Press Ltd (1991).

4 Comentarios

  1. Muy pero que muy interesante. La gente de a pie no da importancia al valor de los líquenes y en conjunto a todo lo que no ve utilidad.

  2. Álvaro dice:

    Los grandes olvidados junto a los musgo, una pena porque no desmerecen mucho respecto a grupos de seres vivos con más seguidores.

  3. MSG dice:

    Sin duda un artículo muy interesante. Sabía que los líquenes y la contaminación no se llevan bien, pero desconocía de su utilidad para evaluar las tendencias de la contaminación en una zona en el tiempo.
    Totalmente de acuerdo con María Pilar y Álvaro!

  4. Usuario* dice:

    AMO y RE-AMO los líquenes y esta publicación del blog. Mil gracias, que fotos tan lindas y que buenos datos.