Los derechos y deberes hacia los animales

publicado el 30 Oct, 2017 Blog Zoología

Hace algunos años, la emisión de una serie de televisión llamada «Flipper», nos embelesaba tardes enteras haciéndonos amar a ese pequeño delfín saltarín y creándonos la necesidad de querer saber más sobre aquellos mamíferos acuáticos. Mientras disfrutábamos de sus piruetas no podíamos imaginar lo que realmente sucedía tras las cámaras. Nuestro simpático protagonista habitaba en el estanque de California junto a otros de su especie. Y junto con ellos, convivía y trabajaba: Rick O´Barry, el afamado entrenador de delfines (imagen 1). Rick cuenta que les ponía las imágenes de la serie cerca del estanque, donde ellos pudieran verlas y asegura que algunos de ellos se reconocían en pantalla. Enseguida pudo percatarse de la inteligencia con la que están dotados estos animales, pero también advirtió la infelicidad a la que estaban sometidos en su cautiverio. En la actualidad, Rick es uno de los mayores defensores de los derechos de los animales. Afirma que no planeó convertirse en activista; pero que después de ver cómo «Flipper» se dejaba morir en sus brazos a causa del estrés y la infelicidad que sufría, se sintió culpable de haber iniciado esa industria millonaria del delfín como entretenimiento. Pronto supo que debía actuar y que no bastaba con su lucha individual, había que promover una conciencia social si se querían lograr cambios notables. De esta idea nacio: «The Cove», un documental en el que se denuncia con imágenes desgarradoras el acoso y matanza oculta de delfines en la zona de Taiji, Japón. Algunos acorralan crías de delfines para proveer a los acuarios del mundo, mientras otros matan a los adultos. Acto totalmente clandestino para el pueblo nipón.

No cabe duda de que todo animal -sin excepción- tiene derecho a vivir y ser respetado. Así se recoge en el artículo 1 de la Ley de Protección de Animales: “La presente Ley es de observancia general en el Distrito Federal; sus disposiciones son de orden público e interés social, tienen por objeto proteger a los animales, garantizar su bienestar, brindarles atención, buen trato, manutención, alojamiento, desarrollo natural, salud y evitarles el maltrato, la crueldad, el sufrimiento, la zoofilia y la deformación de sus características físicas; asegurando la sanidad animal y la salud pública”.

No obstante, tampoco cabe duda de su incumplimiento por parte de cada zoológico, exhibición en recintos cerrados o poco habilitados como muchas de las fiestas culturales que aún en el siglo XXI, se llevan a cabo con animales ante la pasiva mirada de la multitud. A pesar de la existencia de estas leyes hay discordancias al otorgar derechos legales a los animales, debido a que por las diferencias culturales a nivel mundial nos es muy difícil medir el sentido de justicia hacia lo que cada cultura considera un usufructo apropiado de los animales.

Para comprender la evolución de esta idea en humanos Sara Brosnan (Brosnan & de Waal 2003; Brosnan et al. 2005), de la Universidad de Georgia, ha empleado esta última década en estudiar respuestas de comportamiento entre primates asignándoles recompensa desiguales (Eisenberg & Mussen 1989), revelando que cuando uno de ellos recibe un premio menos suculento que el compañero, son capaces de quejarse al igual que los humanos si el reparto entre iguales no es justo (imagen 2). Esto demuestra que hay animales que tienen un sistema nervioso centralizado cuyo órgano central -básicamente un cerebro- por el tipo de desarrollo en sus neuronas cognitivas, alberga el sentido de consciencia y, por tanto, un sentido emocional que conlleva asimilar sentimientos al igual que un humano.

El concepto de equidad en los humanos está estrechamente relaciona­do con el de justicia. Para distinguirlos, la equidad involucra interacciones voluntarias con otros individuos, mientras que la justicia se impone por un tercer partido imparcial (Wilson 2012). En los humanos, dos mecanismos comunes de la distribución son el igualitarismo, en el cual todos los individuos reciben el mismo resultado –por ejemplo, la igualdad-, y la equidad, en la cual los individuos reciben beneficios proporcionales a su inversión.

El estudio de otras especies nos da información en dos caminos complementarios a través de la homología y la convergencia (Brosnan & de Waal 2009). La homología se da cuando una conduc­ta aparece en múltiples especies en tanto esa conducta también estuviera presente en el ancestro común. Esto indica cuándo evolucionó el rasgo en la historia filogenética del taxón. La convergencia se da cuando una conducta evoluciona en múltiples especies como consecuencia de presio­nes selectivas comunes pero sin ascendencia compartida de un ancestro común. Las convergencias pueden, en este caso, ser particularmente infor­mativas cuando se estudia la función de una conducta, ya que por medio de la comparación entre especies, pueden indicarnos qué rasgos se com­parten y las presiones sociales y ecológicas que pudieron ser seleccionadas para esa conducta.

Fuera del contexto experimental, las observaciones sugieren que hay intervenciones imparciales en las interacciones con los demás, lo cual indica que estas especies tienen cierta sensibilidad a la justicia.

Una vez sabido esto: ¿hay suficientes derechos para la protección de estos animales y su derecho a vivir dignamente? En caso de tener derechos, por consiguiente: ¿se les deberían otorgar obligaciones para con nosotros?

El hecho de que un animal no pueda decidir cumplir con sus obligaciones hacia el entorno no es óbice para no otorgarle derechos, ya que el bebé, sin conciencia propia aún, si los tiene. Esto no quiere decir que se les deba evaluar como a los humanos, ya que un animal no podría ser juzgado como tal. No sería lo mismo juzgar a un hombre por matar a otro que hacerlo porque un zorro mate a una gallina. Se destaca que nuestro planeta no puede prescindir de ellos como nosotros no podemos vivir sin planeta, y solo por eso les debemos respeto, derecho y protección. Aún tenemos una gran labor por delante para proteger el mundo animal y natural; no hay que olvidar que nosotros somos animales, aunque con la única e innegable diferencia de que somos capaces de mentir conscientemente.

Bibliografía:
Brosnan S.F., de Waal F.B.M.: Monkeys reject unequal pay. Nature. 425(6955): 297-299 (2003).
Brosnan S.F., Schiff H.C., de Waal F.B.M.: Tolerance for inequity may increase with social closeness in chimpanzees. Proceedings of the Royal Society B. 272(1560): 253-258 (2005).
Brosnan S.F., de Waal F.B.M.: Capuchin monkeys tolerate intermittent unreliability in human experimenters. International Journal of Primatology. 30: 663-674 (2009).
Eisenberg N., Mussen P.H.: The roots of prosocial behavior in children. Cambridge [England]: Cambridge University Press (1989).
Wilson B.J.: Contra Private Fairness. American Journal of Economics and Sociology. 71(2): 407-435 (2012).
 
Recursos electrónicos
Web de Dolphin Project: https://dolphinproject.net

Todavía no hay comentarios