La revolución dietética y botánica del descubrimiento de América

publicado el 29 Abr, 2012 Blog Botánica Historia

  Hablar de América es hablar de un mundo en el que, hasta no hace mucho tiempo, el sueño del paraíso terrenal todavía seguía perenne desde que el hombre renacentista pusiera pie en aquellas lejanas y desconocidas tierras allá por 1492. Hoy en día, el continente americano se nos muestra como un espacio incógnito, en el que las ciencias naturales todavía tienen mucho por estudiar y descubrir.

  El inicio del siglo XVI contempló uno de los mayores acontecimientos más revolucionarios de la Historia de nuestro planeta, que cambió el destino de la humanidad: “el reencuentro de la naturaleza de dos grandes masas continentales separadas desde hacía milenios” (Serrera Contreras, 2011). Hasta ese momento América había estado prácticamente aislada como consecuencia de la última gran glaciación en el tránsito que va del Pleistoceno al Holoceno. Esto provocó una evolución original y autóctona en lo que a su flora y fauna se refiere, dándole un carácter diferente en contraste a lo que en el Viejo mundo se conocía. El encuentro e intercambio entre estos dos continentes cambiarán para siempre el devenir histórico de la Humanidad. De esta importancia se percataron tan importantes personajes como Gonzalo Fernández de Oviedo, José de Acosta, o posteriormente los estudios de Alejandro de Humboldt (imagen 1) y Charles Darwin, que ambos realizaron en el continente americano. Para Humboldt: el Descubrimiento de América es el reencuentro de la Naturaleza y los europeos el vehículo de contacto (Serrera Contreras, 2011). Los castellanos llevaban en sus bodegas muchas centurias de historia natural acumuladas y esto fue trasplantado en América. A su vez, al español se le mostraba todo un Mundus Novus que había permanecido aislado desde hacía milenios. Conforme se iba descubriendo el continente, a los españoles se les fue dando a conocer una vasta realidad de flora y fauna de una diversidad y rarezas que sorprendieron a tales descubridores. De estas especies vegetales y animales americanas, la mayor parte terminaría integrándose en el continente europeo, llegando a constituir una parte extremadamente importante en la dieta alimenticia y hábitos de consumo de sus habitantes, incluso hasta hoy día.

Entre los cargamentos de los navíos europeos, además de oro y plata, se embarcaban una gran cantidad de especies botánicas como la papa, el maíz, la yuca o mandioca, el frijol, el cacahuete, la batata o camote, la hierba mate, el tabaco, el cacao y la vainilla; colorantes como “el palo Brasil” y el “palo Campeche”; el índigo, la grana o cochinilla, el chicle, el huye y el algodón; frutos tropicales como la piña o ananás (imagen 2); y plantas medicinales (imagen 3) y especies estimulantes como la coca, la zarzaparrilla, etc (Serrera Contreras, 2011). Esto permitió una propagación de todas estas especies alimentarias a escala planetaria. Pero no debemos olvidar que también los europeos aportaron una gran cantidad y diversidad de patrimonio botánico. Llevaron así numerosas legumbres, cereales, hortalizas, frutales y cítricos como el trigo, cebada, avena, centeno, lentejas, garbanzos, habas, lechugas cardos, acelgas, coliflores, berzas, alcachofas, espinacas, nabos, remolacha, zanahoria, naranjas, limones, toronjas, membrillo, melocotones, cerezas, granadas, plantas forrajeras como la alfalfa, etc. Junto con la vid y el olivo.

  La introducción de estas plantas traídas del Nuevo mundo revolucionaron los ámbitos nutricionistas de manera categórica de la sociedad europea. Esta afirmación se corrobora en que, tanto el maíz como la papa (los dos cultivos más importantes de América), quitaron el hambre en Europa. El maíz o trigo americano (como lo denominaba Humboldt) fue desde un primer momento muy habitual en su siembra y se extendió con total rapidez por todo el mundo oriental. De la papa (nombre original en idioma quechua) se difunde muy rápidamente durante el siglo XVI en la mitad occidental del viejo continente. Gracias a su fácil aclimatación, sus posibilidades para el consumo humano y animal y para su almacenaje, hizo que se extendiera por toda Europa e incluso en regiones americanas que antes era desconocida. Un gran impacto y asombro causó para el europeo el cacao y el tabaco. Son tres plantas no europeas -el cacao (americano), el café (africano) y el té (asiático)- los referentes y de consumo preferido por los europeos hasta hoy día (Serrera Contreras, 2011). Al igual, el tabaco pasó a desempeñar un gran consumo en la sociedad de la época. No obstante, el aporte botánico europeo al continente fue de gran valor, incluyendo el gran avance tecnológico, que hizo posible la extensión del cultivo hasta lugares insospechados.

  Finalmente, la llegada de las especies vegetales y animales europeas a América trasformaron de forma sustancial la propia geografía americana. La importancia del continente americano fue esencial, correspondiendo a un espacio “virgen” en exploración, que tanto los primeros pobladores europeos como posteriormente investigadores de la talla de Humboldt y Darwin, idearon gran parte de sus teorías en este “gran laboratorio botánico”, que fue esencial para el transcurso del conocimiento del hombre y la propia Naturaleza. El hecho al que se acaba de mencionar, no es la historia de un final, sino de un principio, siempre en transmutación, en constante cambio.

Bibliografía:
de Acosta J.: Historia natural y moral de las Indias. Dastin, S.L. (2002).
Fernández de Oviedo y Valdés G., Pérez de Tudela y Bueso J.: Historia general y natural de las Indias. Vol 5. Ed. Atlas (1959).
Monardes N.: Primera, segunda y tercera partes de la historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven en medicina; Tratado de la piedra bezaar, y dela yerva escuerçonera; Diálogo de las grandezas del hierro, y de sus virtudes medicinales; Tratado de la nieve, y del beuer frío.” (1574).
Serrera Contreras R.M.: La América de los Habsburgo (1517-1700). Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones p.76 (2011).
von Humboldt A.: Ensayo sobre la geografía de las plantas. Siglo Veintiuno Editores (1997).
von Humboldt A.: Cartas americanas. Fundación Biblioteca Ayacuch (1989).

 

1 comentario

  1. Pedro P.J. dice:

    El plátano es de origen indo-malasio, no americano.