La memoria, esa maravilla desconocida con trastornos (des)conocidos

 La comprensión del funcionamiento del cerebro, esa caja negra capaz de recibir, procesar información y elaborar una respuesta, constituye uno de los grandes retos de la ciencia actual. El conocimiento del sustrato biológico sobre el que se construyen la conciencia y la mente humanas suscita gran interés una vez demostrado que todas las acciones que realiza el ser humano, desde caminar a pensar, hablar o crear obras de arte, se sustentan sobre una base fisiológica, que no es otra que la actividad cerebral.

Una de estas capacidades, la memoria, es una de las que más maravilla a los científicos. Esta habilidad de nuestro cerebro que nos permite aprender y almacenar datos y recuerdos, sigue diferentes clasificaciones. Una de ellas se realiza en función del tipo de información almacenada (imagen 1), con lo que podemos referirnos a memoria episódica, si la empleamos al recordar eventos sucedidos anteriormente; semántica, que entra en juego al expresar el conocimiento que tenemos sobre algo;  o procedimental, la cual se pone en marcha al realizar una acción que hemos aprendido anteriormente pero no es necesario expresar cada vez que la ponemos en práctica, como por ejemplo montar en bicicleta. Por otra parte, podemos diferenciar dos tipos de memoria según la duración del recuerdo. Estaríamos hablando de la memoria a corto plazo al referirnos al recuerdo de elementos en un corto periodo de tiempo, o de la memoria a largo plazo si se trata de elementos que permanecen en nuestro recuerdo durante mucho más tiempo.

imagen 1

Los primeros estudios acerca de las bases neurales de la memoria se realizaron en pacientes que habían sido operados mediante hemisferectomía (extirpación de una mitad del cerebro) debido a que padecían epilepsia. Cuando estas operaciones afectaban al sistema límbico (formado por las estructuras cerebrales hipocampo, amígdala y áreas asociativas de la corteza temporal), aparecía en los pacientes incapacidad para consolidar sus recuerdos en la memoria a largo plazo. Un caso muy famoso a este respecto es el del paciente H.M., quien a los 27 años fue operado debido a una grave epilepsia que sufría desde los 7 años de edad. Tras esta operación, mantuvo recuerdos de su infancia e incluso de lo ocurrido hasta un año antes de la operación. También su memoria semántica quedó preservada por lo que su lenguaje no se vio afectado, al igual que su cociente intelectual. Sin embargo, fue incapaz de aprender información nueva ni de recordar nada posterior a la intervención quirúrgica. H.M. era capaz de mantener en su memoria a corto plazo pequeños fragmentos de información tales como números de teléfono durante unos segundos e incluso minutos, pero tras esto los olvidaba completamente, así como si era distraído en el proceso. Este caso ha sido ampliamente estudiado por su influencia en el conocimiento del cerebro. Durante muchos años, la identidad del paciente H.M. se mantuvo en el anonimato para preservar su intimidad, hasta su fallecimiento en el año 2008. Este paciente no es el único con estas características. En la literatura encontramos casos similares cada vez que se da un daño en las regiones límbicas de asociación o del lóbulo temporal medial bilateral. Sin embargo, no todas las subregiones del lóbulo temporal tienen el mismo rol. Algunas zonas serán más importantes para el reconocimiento de objetos mientras que otras estarán más implicadas en la representación espacial, como el hipocampo.

Los daños que ocurren en la memoria reciben también diferentes nombres según sus características. La incapacidad para aprender información nueva se conoce como amnesia anterógrada y es el caso del paciente H.M. El caso contrario, en el cual una persona no recuerda nada previo a la lesión sufrida pero la capacidad de aprendizaje de nueva información se encuentra intacta, se denomina amnesia retrógrada. Este segundo tipo es bastante frecuente hasta cierto punto tras lesiones cerebrales o sucesos traumáticos, siendo la amnesia anterógrada menos habitual (imagen 2). Es por esto que el caso del paciente H.M. resulta tan relevante para el estudio de la memoria.

imagen 2

No obstante, la primera vez que un deterioro de la memoria debido a un daño cerebral fue descrito, ocurrió a cargo del médico ruso Sergei Korsakoff. El trastorno, llamado Síndrome de Korsakoff, se da frecuentemente como consecuencia de un abuso excesivo y crónico del alcohol y se caracteriza por una fuerte amnesia anterógrada.

Existen otras enfermedades que afectan a la memoria. Una de las más conocidas en nuestra sociedad, desgraciadamente, es la Enfermedad de Alzheimer.

En 1907, Alois Alzheimer describió los rasgos más característicos de esta enfermedad neurodegenerativa que lleva su nombre. En España, se estima que existen unas 400.000 personas afectadas por esta enfermedad y las previsiones son de un aumento alarmante debido al envejecimiento de la población, con esperanzas de vida de 35 años más actualmente que a principios del siglo pasado.

En las personas que padecen la Enfermedad de Alzheimer, los principales síntomas cognitivos observados son anomalías en la memoria, la resolución de problemas, el lenguaje, el cálculo, la percepción visoespacial y la capacidad de juicio, así como alteraciones comportamentales, alucinaciones y delirios. En las fases finales de la enfermedad, estos pacientes pueden llegar a quedar mudos (mutismo), tener incontinencia y ser incapaces de abandonar el lecho. Excepto por biopsia cerebral (extracción de muestra de cerebro), no existe ninguna prueba definitiva para diagnosticar esta enfermedad en individuos vivos; la confirmación se realiza post mortem. Por tanto, el diagnóstico será sintomático, esto es, ha de realizarse a partir de la observación de los síntomas que el paciente presente. Esto plantea un gran problema debido a la posibilidad de confusión de la demencia producida por alzhéimer con otras demencias para las que sí existe un tratamiento eficaz, el cual no se aplicaría si se diagnostica como demencia debida a alzhéimer.

Anatómicamente, en el cerebro de los enfermos de Alzheimer se produce una muerte neuronal extensiva en las zonas corteza e hipocampo, que se manifiesta en forma de notable regresión de la masa cerebral. Sin embargo, esta neurodegeneración se inicia 10 e incluso 20 años antes de la aparición de los primeros síntomas, con lo que el diagnóstico precoz sería una herramienta fundamental. Esta muerte cerebral correlaciona con 2 factores muy característicos de la enfermedad: la aparición de cúmulos de proteínas en el exterior de las neuronas, llamadas placas seniles (imagen 3),  y en el interior neuronal, llamadas ovillos neurofibrilares (imagen 4). Aunque existen muchas teorías acerca del origen de la enfermedad, lo cierto es que aún es desconocido.

imagen 3

Los tratamientos disponibles a día de hoy sólo palían los síntomas del alzhéimer, pero no detienen el avance de la enfermedad. Existen 5 medicamentos disponibles, el más antiguo de ellos del año 1996, con lo que son bastante recientes (imagen 5). Por ello, no cesan los esfuerzos en investigación para tratar de conseguir un diagnóstico precoz y una posible cura.

Las líneas generales de búsqueda de nuevos medicamentos se están centrando en distintos frentes. Por un lado, tratar de actuar contra las placas seniles y los ovillos neurofibrilares, mediante el desarrollo de vacunas y el diseño de drogas que impidan su formación o conlleven a su desaparición. Por otro lado, se intenta evitar la inflamación cerebral, pues el cerebro del paciente de alzhéimer está en contexto inflamatorio leve constantemente y esto podría estar relacionado con la progresión de la enfermedad. Otras estrategias van enfocadas al control de la insulina o el estado del sistema circulatorio, ya que, aunque no se conocen los mecanismos, distintos fármacos implicados en la diabetes, la hipercolesterolemia o el control de la presión arterial podrían ser beneficiosos para impedir la aparición de la enfermedad o ralentizarla.

Como se puede apreciar, esta enfermedad tan popularmente conocida es científicamente aún una gran desconocida. Por ello, lo más importante sigue siendo la prevención. Se sabe que un estilo de vida saludable acompañado de una actividad cognitiva frecuente son cruciales para evitar la aparición de la enfermedad y que las condiciones previas del paciente afectan en gran medida al avance de la misma. Por ello, si queremos preservar el tesoro más preciado de nuestro cerebro, su memoria, y como casi con cualquier otra enfermedad, se cumple el sabio principio de más vale prevenir, que curar.

Texto resumen de la charla informativa “Un recorrido a través de la memoria y avances en la enfermedad de Alzheimer” impartida en la  XV Semana de la Ciencia 2015. Con la colaboración de Ana Gloria Plaza Jurado.

Bibliografía:
Carlson, N.R.: Fisiología de la conducta. Pearson-Addison Wesley (2006).
Kandel, E.R.: Principles of neural science. McGraw-Hill (2013).
 
Recursos electrónicos:
Web de Alzheimer Online: http://www.alzheimer-online.org

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