La historia de un fósil viviente

publicado el 30 Ene, 2012 Blog Criptozoología Historia Zoología

  22 de diciembre de 1938 en East London, una pequeña ciudad en la costa sudeste de Sudáfrica. Los habitantes de aquel lugar recibían con alegría el comienzo del verano austral y hacían los preparativos para festejar la Navidad. Mientras tanto, Marjorie Courtenay-Latimer, una joven y curiosa funcionaria del museo local, se encontraba en el puerto examinando los peces que se estaban descargando de un barco proveniente del océano Índico. De pronto, le llamó la atención un ejemplar de apariencia insólita: un pez de más de metro y medio de longitud y cerca de 60 kilos de peso. El enigmático animal destacaba por su cuerpo fornido, su color gris con tintes azulados, sus escamas gruesas y raposas y, sobre todo, por sus musculosas aletas.

Tratando de ocultar su emoción, Marjorie hizo los arreglos necesarios para trasladar aquel “pesado y sucio” pez al museo. Mientras la mayoría de los habitantes del lugar se ocupaba de realizar sus compras por Navidad, Marjorie se encerró en su laboratorio a examinar el extraño espécimen, tratando de ubicarlo en algún lugar de la clasificación zoológica. Después de largas horas de cuidadosas comparaciones y búsquedas en las claves de identificación de peces, la afanosa curadora tuvo que darse por vencida, percatándose de que se encontraba frente a una forma totalmente nueva que desafiaba sus conocimientos taxonómicos. Frustrada, dibujó un boceto del animal y lo envió a un conocido suyo (imagen 1), el profesor J.L.B. Smith, experto ictiólogo de la Universidad Rhodes en Grahamstown (Sudáfrica).

Cuando el curtido científico examinó el dibujo pensó que se le estaba gastando una broma. Los trazos de Marjorie, simples pero definidos, mostraban un pez cuya forma del cuerpo, las aletas y el extraño apéndice al final de la cola correspondían con exactitud a las ilustraciones que Smith conocía de un tipo de peces llamados celacantos. Sólo había una inconsistencia: los celacantos se conocía únicamente de forma fósil, y se consideraba que el grupo se había extinguido a finales del Cretácico (hace 60 millones de años). Smith, aún incrédulo, se dirigió hacia el museo de East London; pero era demasiado tarde: las partes blandas del celacanto ya se habían descompuesto y habían sido desechadas. A partir de ese momento, Marjorie y Smith buscaron otro celacanto hasta que, después de catorce largos años, pescaron uno cerca de las Isla Anjouan (Comores, África).

A este fósil viviente se le bautizó con el nombre científico Latimeria chalumnae (imagen 2), en honor de Marjorie y en recuerdo del río Chalumna. Aparte de descubrir una especie a la que se creía extinta, ¿qué importancia tiene este hallazgo?.

Los celacantos pertenecen a una clase de peces primitivos, llamados “sarcopterigios”, que se caracterizan, entre otros atributos, por sus aletas lobuladas, dotadas de músculo y hueso. Se cree que los sarcopterigios dieron origen al “anfibio hipotético” que sería el ancestro de todos los vertebrados terrestres.

Hace unos 370 millones de años, en el Devónico, los primeros peces que lograron dar ese importante salto a tierra firme pertenecían a este grupo. Los celacantos vendrían a ser los primeros de aquellos primeros tetrápodos terrestres que se quedaron en el mar. Esas aletas lobuladas que les caracteriza podrían ser las antecesoras de las extremidades de los vertebrados terrestres. Además, presentan una vejiga natatoria modificada (órgano de flotación) que está conectada con la nariz a la que se considera antecesora de los pulmones.

En el mismo Devónico, se piensa que fueron los celacantos los que desarrollaron patas y dieron origen al Ichthyostega (imagen 3), el primer anfibio que caminó fuera del agua; pero éste no se encontraba solo, lo acompañaban una verdadera jungla, en miniatura, de helechos y una serie de minúsculos animales como, los ciempiés, milpiés, ácaros, escorpiones y los primeros insectos (algunos sin alas).

La pregunta evidente es: ¿qué impulsó a estos animales a salir del mar y pisar tierra firme?. Una de las hipótesis más aceptada es que varios asteroides chocaron contra la Tierra por lo menos cinco veces durante el Devónico y uno de los últimos impactos coincidió con la extinción masiva en los mares. Si con el impacto se hubiesen liberado metano y dióxido de carbono, éstos se hubiesen disuelto en el mar y en los pantanosos hábitats de la costa desplazando, hacia fuera del agua, gran parte del oxígeno respirable. Por tanto, los primeros tetrápodos con pulmones gozaban de una ventaja: estaban en condiciones de obtener suficiente oxígeno inspirando aire.

En 1987, Marjorie se encontraba internada en un hospital de Sudáfrica, en donde los médicos intentaban controlar el cáncer que tenía.  Esta señora había accedido a recibir la visita de Hans Fricke, un naturalista y fotógrafo de la naturaleza, que le mostraba la primera filmación (vídeo 1) de un animal que Margaret conocía muy bien. Mientras los azulados reflejos de la pantalla se proyectaban en el rostro de la señora, sus labios esbozaron una leve sonrisa al recordar, casi 50 años atrás, la primera vez que había visto un pez así.

Hans Fricke le hizo un comentario sobre lo difícil que había sido filmar la escena que en esos momentos aparecía en la pantalla ya que la situación de las poblaciones de celacanto es muy reducida. Las escenas habían sido captadas en las cercanías de la Isla Gran Comore (Comores, África). Fricke le explicó que habían usado un sumergible de dos plazas para explorar las profundidades del océano Índico para finalmente capturar en celuloide al elusivo celacanto. Al terminar de ver el material fílmico, Marjorie agradeció el gesto del fotógrafo y le dijo: – “Ahora el ciclo de mi vida se ha cerrado” -.

Bibliografía:
Fricke H.: Coelacanths: the fish that time forgot. National Geographic 173 (6): 824-838 (1988).
Fricke H, Hissmann K.: Natural habitat of the coelacanths. Nature 346: 323-324 (1990).
Smith J.L.B.: Old Fourlegs: The Story of the Coelacanth. New York: Longmans, Green & Co. (1956).
Starr C., Taggart R.: Biología: la unidad y la diversidad de la vida. Ed. Thomson International (2004). 

1 comentario

  1. Ony dice:

    Los celacantos, los primeros peces que hicieron pesas X) Cuando leí ese detalle me adelante en mi mente a lo que vendría más adelante escrito y acerté. Desde luego es mu interesante el descubrimiento de esa rama biológica de la que descienden gran parte de los seres que pasean por la tierra. Gracias por mostrarnos este pez.