La era de Trump

publicado el 7 Dic, 2016 Opinión
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  Más allá del estupor inicial a escala planetaria, el resultado de las presidenciales estadounidenses arroja un mayor número de incógnitas que de certezas, lo que tal vez explique la incertidumbre imperante. La victoria de Donald Trump, pese al masivo apoyo de los mass media a su rival, Hillary Clinton, supone un auténtico gancho directo a la mandíbula de todos nosotros, cuyas secuelas, hoy solo parcialmente visibles, se irán manifestando con mayor o menor virulencia conforme se desarrollen los acontecimientos.

Ya se ha escrito largo y tendido sobre el personaje en sí, sus opiniones más reaccionarias y las polémicas/peligrosas promesas electorales que, a partir de enero, podrían entrar (o no) en vigor, así que solo nos detendremos en las cuestiones que tienen cabida en una web de estas características: el potencial impacto de las políticas del magnate en la naturaleza.

Trump se encuadra sin ningún pudor entre los escépticos que minimizan, niegan o incluso ridiculizan todo cuanto atañe al cambio climático, por lo que de entrada la postura estadounidense en la lucha contra esta amenaza invita a un pesimismo totalmente justificado. El Acuerdo de París, lo más lejos que hemos estado antes de alcanzar una postura común seria, podría quedar en papel mojado si la primera potencia mundial y sobresaliente cum laude en contaminación decide apearse del tren antes de que el mismo arranque siquiera.

Por si esto no fuera suficiente, la administración gubernamental contará con un vicepresidente creacionista, Mike Pence, también contrario a los postulados sobre el cambio climático y al uso de energías alternativas. Es decir, alguien que desprecia la ciencia por sistema, haciendo extensible su visión de las cosas desde el origen de la vida hasta el presente y el futuro de la especie humana. No queremos ni imaginar cómo serán los restantes miembros del gabinete.

¿Y qué ocurrirá con el presupuesto destinado a la investigación científica? No podemos sino  elucubrar al respecto, aunque con estos antecedentes cabe esperar lo peor, al menos en aquellos campos que no ofrezcan resultados inmediatos y/o de uso práctico. Quizás, los especialistas deban reorientar sus estudios hacia metas distintas (u opuestas) a las perseguidas hasta ahora, si bien habrá que tener paciencia para comprobar los efectos una vez Trump se asiente en la Casa Blanca.

En definitiva, los próximos cuatro (u ocho) años suscitan a día de hoy más preguntas que nunca…

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