El último tigre de Tasmania

publicado el 29 mar, 2012 Blog Historia Zoología
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  El 7 de septiembre de 1936 murió Benjamín, el último ejemplar vivo conocido del tigre de Tasmania. El lobo de Tasmania, tilacino o también conocido como el lobo marsupial (Thylacinus cynocephalus) fue el último miembro vivo del género Thylacinus, un marsupial carnívoro del Holoceno.

  Las descripciones anatómicas existentes son escasas y están basadas en unos pocos ejemplares conservados, fotografías y películas en blanco y negro de individuos en cautiverio, en el registro fósil y en restos de piel y de esqueletos. Los distintos autores coinciden al describirlo como un perro de gran tamaño con pelo corto y una cola rígida que iba menguando en su extremo distal. Se trataba de un marsupial de tamaño mediano de unos 35-60 cm de altura y una longitud de 123-195 cm (incluyendo la cola). Generalmente los machos eran de mayor tamaño con respecto a las hembras (Moeller, 1990). Presentaban un pelaje coloreado en tonos pardos, amarillos y grises acompañado de 13 a 20 rayas negras que recorrían su torso, espalda y base de la cola, una característica que ha conducido a que este animal fuese conocido como el tigre de Tasmania. Estas rayas estaban más marcadas en ejemplares jóvenes y se iban difuminando a medida que el animal envejecía. La hembra presentaba un marsupio (bolsa epidérmica que cubre las mamas y que funciona como cámara incubadora) con cuatro mamas que, a diferencia de otros muchos marsupiales, se abría hacia la parte distal del cuerpo. Los machos contaban con  un bolsillo escrotal (elemento anatómico único entre los marsupiales australianos) dentro del cual podían meter su saco escrotal. Un elemento característico del tigre de Tasmania era el increíble ángulo de máxima apertura de sus fauces (parte posterior de la boca). Las mandíbulas eran potentes y contaban con cuarenta y seis dientes, aunque eran demasiado débiles para derribar y matar a una oveja adulta. Este hallazgo realizado por un equipo de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia pone en evidencia una injusticia ecológica: la persecución de una especie debido a un crimen que no pudo cometer. De hecho, su incapacidad para cazar presas grandes puede haber acelerado su desaparición.

  El tigre de Tasmania era exclusivamente carnívoro. Sus presas incluían canguros, wallabies, wombats, pájaros y pequeños animales. Su presa preferida podría haber sido el emú de Tasmania. El análisis de la estructura del esqueleto y las observaciones del animal en cautiverio sugieren que seleccionaba una presa y después la perseguía hasta que estaba exhausta. Algunos estudios concluyen que el animal podría haber cazado en pequeños grupos familiares: el grupo principal hacía huir a las presas en dirección a un individuo preparado para emboscarlas. De hecho, los cazadores confirmaron que cazaba mediante la técnica de la emboscada. Era un cazador nocturno y crepuscular, y durante el día permanecía en cuevas pequeñas o troncos de árboles vacíos. Las primeras investigaciones científicas sugirieron que poseía un agudo sentido del olfato que le permitía rastrear presas; pero análisis de su estructura cerebral revelaron que sus bulbos olfatorios no estaban bien desarrollados con lo que es probable que se basara en la vista y el oído para cazar.

El tigre de Tasmania era nativo de Australia y Nueva Guinea, pero se extinguió antes de la llegada de los colonos europeos al continente, sobreviviendo sólo en  Tasmania. El 2 de Diciembre de 1642, los colonos europeos hallaron, por primera vez, huellas de un animal salvaje con garras similares a las de un tigre. El día 13 de mayo del 1792, exploradores franceses confirman la presencia de este espécimen en la zona.  Aun así, no fue hasta 1805 cuando William Paterson, teniente gobernador de Tasmania, envió una descripción detallada que se publicó en la Sydney Gazette y en el New South Wales Advertiser.

  Desde los primeros días de colonización europea los tigres de Tasmania eran poco comunes; pero la  caza intensiva incentivada por recompensas ya que se les culpaba de numerosos ataques a ovejas, junto con las enfermedades (parecida al moquillo que afectaba a muchos ejemplares en cautiverio en aquellos tiempos), la introducción de los perros, la extinción de especies que eran sus presas y la ocupación de su hábitat por los humanos, propiciaron la definitiva extinción de este marsupial.  A finales de los años 20 el tigre de Tasmania ya era extremadamente raro en estado salvaje. El último lobo marsupial salvaje conocido fue abatido en 1930 por un granjero.

  Hubo varios intentos de salvar la especie de la extinción. En 1928, el comité de consejo de la fauna nativa de Tasmania recomendó proteger a todos los tilacinos que quedaban como por ejemplo Arthur River o el zoológico de Hobart.

  En 1933 fue capturado y enviado al zoológico de Hobart, donde vivió tres años, el último tigre de Tasmania en cautiverio, conocido más adelante como Benjamin. De acuerdo con los protocolos internacionales, una especie es considerada como extinta cuando no se han hallado ejemplares vivos en cincuenta años. El tigre de Tasmania tuvo el estatus de especie amenazada hasta el año 1986, y puesto que no se han encontrado pruebas definitivas de la existencia de más ejemplares desde la muerte de “Benjamin” en 1936, fue declarada oficialmente extinta por la UICN (Unión internacional  para la conservación de la naturaleza). Aun cuando se lo considera oficialmente extinto, todavía hay quienes dicen haberlo visto. La CITES (Comercio internacional de especies) es más cauta, y la considera “posiblemente extinta“.

Bibliografía:
Jones M.E., Stoddart D.M.: Reconstruction of the predatory behaviour of the extinct marsupial thylacine (Thylacinus cynocephalus). Proc Biol Sci 274(1627): 2819-2828 (2007).
Moeller H.F.: “Tasmanian Wolf”. In B. Grzimek (ed.), Grzimek Encyclopaedia of Mammals. Volumen 1. New York. McGraw-Hill (1990).
Paddle R.: The Last Tasmanian Tiger: The History and Extinction of the Thylacine. Cambridge University Press (2000).
Park A.: A Tasmanian Tiger, Extinct or Merely Elusive. Australian Geographic 1(3): 66-83 (1986).
 

 

4 Comentarios

  1. Álvaro Luna dice:

    La verdad es que los vídeos o imágenes que suelen salir no tienen nada de cierto, no soportan análisis rigurosos. He visto programas de tv un poco sensacionalistas o que se las dan de misteriosos pero en verdad lo que sacan son perros tiñosos.
    Desgraciadamente a día de hoy y mientras no se demuestre lo contrario es una especie extinta :(

  2. Barruetín dice:

    Se comenzó a estudiar su posible clonación en 1999… los intentos por traerlo de regreso a la vida han dado frutos puesto que hoy día ya lograron secuenciar el ADN mitocondrial, faltando el ADN nuclear… de llevarse a cabo la clonación seria una hembra de Demonio de Tasmania la elegida para albergar al embrión de tilacino… De todos modos en Tasmania hoy se ofrece una suculenta recompensa para el que aparezca con un ejemplar vivo… Creo que la idea de traerlo de regreso es ambiciosa y muy atractiva… aunq prefiero que tanto esfuerzos, dinero y ganas de centren en la conservación de las especies que aún existen y comparten este mundo con nosotos… Tal vez los pocos tigres que quedaron lograron escabullirse y sobreviven en un mejor lugar libres de persecuciones y abusos.

  3. Creo que lo que paso con en tilacino solo es una muestra de la irresponsabilidad del hombre. Lo cierto es que el hecho de que un animal en peligro de extincion se extinga solo es culpa de la brusca influencia del hombre en la naturaleza ya que Dios diseño a esta para que fuera equilibrada y ordenada es decir; la naturaleza se sustenta sola y se ordena sola solo pasa algo hasi cuando el hombre “esta presente en el teatro”.