El origen de la lateralidad hemisférica

publicado el 15 Ene, 2015 Blog Neuropsicología

  La lateralización hemisférica es un concepto que hace referencia a la especialización de cada hemisferio cerebral en una serie de funciones cognitivas concretas como, por ejemplo, el lenguaje o la memoria. Resulta una idea ampliamente aceptada hoy en día, aunque no siempre fue así. Los primeros estudios realizados al respecto se centraron en la neuropsicología del adulto y, asimismo, se empezó a hablar de lateralización de funciones en el cerebro infantil aún dentro del marco de la neuropsicología del adulto. Esto es utilizando sus técnicas, conceptos y métodos. Sin embargo, en el siglo XVIII comenzó a surgir un interés por el niño en sí mismo y, lo que será la neuropsicología pediátrica, comienza a ganar importancia; aunque no podemos decir que se desarrolle completamente hasta el siglo XX. Esto va ocurriendo a través de los estudios de Baumes, centrado en la emocionalidad del niño, y el púber de Belhome, más interesado en las causas que determinan la deficiencia intelectual, y Broca, el más centrado en la lateralización hemisférica en sí misma, concretamente en la capacidad del lenguaje. Es a raíz de esto, que comenzó a considerarse la posibilidad de estudiar otras capacidades cognitivas también de manera independiente, como la memoria, la atención o la percepción. Gracias a estos estudios, se empezó a tomar distancia de la neuropsicología del adulto, ya que se comprendió que el cerebro infantil es muy diferente, al ser un órgano aún en crecimiento y desarrollo (imagen 1).

imagen 1

Como hemos dicho, estas investigaciones comenzaron en relación a estudios sobre el lenguaje. La mayoría de las personas tenemos el lenguaje lateralizado en el hemisferio izquierdo; pero esto se desconocía y se utilizó la investigación en neuropsicología pediátrica para determinarlo. Muchas de estas investigaciones estuvieron enfocadas a niños con daño cerebral, con el fin de poder detectar las similitudes y diferencias entre un cerebro sano y uno dañado, y de esta manera conocer cuáles son las capacidades que se mantienen intactas desde el nacimiento y cuáles no. Para hablar de ello más en profundidad, debemos hacer referencia al término  «equipotencialidad hemisférica», el cual expresa la capacidad de los dos hemisferios cerebrales de adquirir las mismas funciones. Se creía que, al nacer, el cerebro infantil poseía esta equipotencialidad, y que es a lo largo del crecimiento cuando el lenguaje se va especificando al hemisferio izquierdo. Concretamente, Lenneberg, en 1967, determinó que esta especificidad aparece progresivamente a partir de los 18 meses de edad. Este sería el periodo crítico a partir del cual el lenguaje sigue un proceso de maduración que finaliza con la dominancia del hemisferio izquierdo para el mismo en la pubertad. Por tanto, una lesión en este hemisferio, que ocurriera muy precozmente en la vida del niño, tendría un buen pronóstico debido a que el lenguaje aún no se habría lateralizado. Contrariamente, una lesión en un momento más avanzado, tendría consecuencias muy negativas dado que el lenguaje ya estaría establecido. Sin embargo, pese a lo propuesto por Lenneberg, más adelante se realizaron estudios que contradecían esta equipotencialidad hemisférica inicial. Con ellos, se descubrió que los niños nacen con una sensibilidad especial del hemisferio izquierdo frente al derecho para el lenguaje. En efecto, alrededor de los 7-8 meses de gestación, ya puede observarse en el feto una región cerebral cercana al área de Wernicke (área cerebral relacionada con el lenguaje), llamada «planum temporale», más desarrollada en el hemisferio izquierdo que en el derecho. Esto nos da muestra de una cierta especialización hemisférica biológicamente establecida previamente incluso al nacimiento del niño (imagen 2).

imagen 2

Otro elemento que contribuye al estudio y comprensión de la organización cerebral del niño es la investigación de la epilepsia. La epilepsia es una enfermedad crónica, que aparece normalmente en edad infantil, que cursa con crisis de tipo motor, sensitivo, sensorial o psíquica, las cuales pueden estar acompañadas de pérdida de consciencia. Existen diferentes tipos de epilepsia según su origen, curso y posible tratamiento. En muchos de estos niños, la enfermedad queda superada al llegar a la madurez; pero, aun así, puede ocurrir que, en algunos casos, queden secuelas cognitivas. Esta suelen ser de tipo atencional, problemas de memoria, trastornos conductuales y emocionales, etc.

El tratamiento suele ser farmacológico; pero en los niños fármaco resistentes, puede llegarse a emplear cirugía con la intención de frenar los síntomas de la epilepsia. Esta neurocirugía puede tener graves secuelas, por lo que debe efectuarse una evaluación neuropsicológicsa previa a conciencia, con el fin de determinar la organización cerebral de cada niño. Por ejemplo, y relacionado con los estudios comentados anteriormente, será de gran importancia establecer la lateralidad cerebral para el lenguaje. Esto se realizó durante mucho tiempo mediante el Test de Wada, un mecanismo que permite anestesiar un hemisferio cerebral durante un corto periodo de tiempo gracias a la inyección de una sustancia especializada. A causa de todas estas investigaciones de cara a la mejora de los niños con esta enfermedad, se estudió también la lateralidad hemisférica y se lograron grandes avances para la neuropsicología pediátrica (imagen 3).

imagen 3

Pese a todo lo expuesto, no debemos olvidar que el cerebro tiene capacidad de plasticidad. Esto quiere decir que esta lateralización hemisférica precoz no impide que pueda darse una reorganización cerebral posterior, si esta fuese necesaria. Aun así, se ha podido comprobar que esta ocurre más fácilmente en otras capacidades, mientras  que el lenguaje, parece quedar más asociado al hemisferio izquierdo.

Bibliografía:
Jambaque I.: “Neuropsychology of Childhood Epylepsy”. Kluwer Academic Publishers (2001). 
Apuntes de curso de Experto en Neuropsicología Universidad Miguel de Cervantes

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