El león en el mundo antiguo

publicado el 14 Ago, 2012 Blog Historia Zoología

  El león (Panthera leo) es un mamífero carnívoro perteneciente a la familia de los félidos que, por méritos propios, se ha convertido a lo largo de la historia en uno de los animales más conocidos, admirados y temidos por el hombre. En la Edad Antigua se tenía constancia de la presencia de estos felinos en territorios tan dispares como Libia, Siria, Tracia, Armenia, Etiopía y Arabia, entre otros, incluyéndose aquí determinadas regiones de Europa entre los ríos Aqueloo y Neso. No solo desempeñaron un papel importante en territorios africanos y asiáticos, sino también dentro de dos de los más imponentes puntos neurálgicos del ámbito mediterráneo, es decir, Grecia y Roma. Así por ejemplo, se han encontrado huesos de leones en las excavaciones arqueológicas realizadas en el palacio micénico de Tirinto y, para más señas, uno de los denominados padres de la Historia, Heródoto de Halicarnaso (484-425 a. n. e.), relata en su magnum opus como los leones descendieron de las montañas cuando los persas invadieron la Hélade durante las Guerras Médicas, sobre todo con ánimo de devorar la carne de los camellos que los medos llevaban consigo en su expedición.

  Otros autores clásicos, como por ejemplo el célebre Aristóteles (384-322 a. n. e.), dedicaron no pocos esfuerzos a recopilar información sobre diversos animales, entre los que por supuesto se encuentra el león. En concreto, el discípulo de Platón los define como cuadrúpedos vivientes, nobles, bravos y bien nacidos, cuyo cuello está formado por un único hueso en vez de vértebras, y cuyas partes internas son todas semejantes al perro. Con mayor o menor acierto describe ciertas características y curiosidades de los mismos, como que tienen los dientes dispuestos en forma de sierra, que abren la boca de par en par, que expulsan la orina por la parte posterior, y que sus uñas están curvadas. Algunas de sus apreciaciones son realmente interesantes, como la afirmación de que es el animal que posee los huesos más duros de todos (llegando al punto de producir chispas al frotarlos entre ellos), que la leona pare en cada primavera entre dos y seis cachorros, o que comen con tanta voracidad que son capaces de ingerir una presa entera, sin cortarla en trozos. Muchas de estas descripciones son meras opiniones en base a oídas o tópicos populares, más debemos de valorar las aportaciones del filósofo y científico griego en su justo contexto.

Con posterioridad, el romano Claudio Eliano (175-235 n. e.) abarca varios siglos después el mismo tema en su obra Historia de los animales, en la que, aún apreciándose no pocos ecos de la obra aristotélica, incluye abundante información novedosa entre la que, por otra parte, destacan multitud de anécdotas que hoy en día nos pueden resultar incluso objeto de risa, como por ejemplo el hecho de que si el león roza la hoja de una encina queda paralizado y no puede moverse, que los leones de Mauritania conocen la lengua mora y comparten el agua de las fuentes con los habitantes de esta región, o que el león odia por naturaleza el fuego y el gallo, a los que teme por encima de todas las cosas. Eliano lo describe como una criatura paciente y vengativa, pero que puede llegar a ser muy benigna y agradable si se domestica desde cachorro, convirtiéndose en un compañero tan fiel que su amo poco o nada debería envidiar de un perro bien amaestrado, convirtiéndose en la mascota idónea para todo aquel que estuviese dispuesto a criar un ejemplar.

  Una de las más destacables características del león es su fiereza, la cual lo ha convertido en el objetivo a abatir de multitud de personajes que, de este modo, trataban de demostrar su propia valía, sobreponiéndose mediante el uso de la fuerza a uno de los seres más peligrosos de los que han posado sus patas sobre la faz de la Tierra, por lo que no han de extrañarnos las numerosas cacerías que monarcas como los del Imperio asirio organizaban para dar muerte a estos animales (ver imagen 1), a modo de propaganda real, o el hecho de que determinados personajes mitológicos como Gilgamesh, Melkart, Heracles/Hércules o Sansón, probasen su superioridad sobre el común de los mortales acabando con sus propias manos con la vida de un ejemplar de esta especie, quedándose en ocasiones como trofeo con la piel del animal muerto (imagen 2), como sucede en el caso del hijo de Zeus y Alcmena con respecto al León de Nemea (imagen 3). Su ferocidad sería aprovechada en el mundo romano mediante su inclusión en los violentos juegos llevados a cabo en el circo, así como en las intencionadamente exageradas matanzas de cristianos (imagen 4), siendo importados a la Península Itálica desde remotos emplazamientos de sus dominios imperiales junto con otros animales exóticos.

  En definitiva, el llamado rey de la selva captó desde un principio la atención de la especie humana, convirtiéndose con todo lo que ello conlleva en uno de los animales que más podemos encontrar en representaciones artísticas de muy diversa índole, lo cual tendría una continuidad más que evidente en la heráldica medieval. Ni que decir tiene que este ha sido tan solo un pequeño artículo de carácter introductorio con el que he intentado destacar algunos puntos de interés sobre la concepción que se tenía de estos felinos en el mundo antiguo, puesto que su presencia en los espectáculos circenses o el rol desempeñado por los mismos en distintas mitologías del mundo (llegando a formar parte incluso de criaturas míticas como el grifo, la quimera o la esfinge) daría para escribir varios artículos e incluso libros sobre el particular. Como se puede ver se trata de un tema muy explotable y, ahora que la llamada Zoohistoria o Historia de los animales está tan en boga, se presenta como una alternativa idónea para todos aquellos  historiadores e investigadores de otros campos afines que quieran conocer cual era la visión que se tenía de los leones, o de cualquier otra especie, en uno de los períodos más fascinantes de nuestro pasado.

Bibliografía:
AA.VV: A cultural history of animals in antiquity. Berg, United Kingdom (2007).
Aristóteles: Investigación sobre los animales. Editorial Gredos, Madrid (1992).
Claudio Eliano: Historia de los animales (2 vols.). Editorial Gredos, Madrid (1984).
Dumont J.: Les animaux dans l’Antiquité grecque. L’Harmattan, France (2001).
Martínez Saura F.: Diccionario de zoología en el mundo clásico, Ellago Ediciones, Pontevedra (2007).  

3 Comentarios

  1. Me encanta este tipo de artículo de zoohistoria como los llaman en el post
    Lo que es una pena es que los leones fueran exterminados de todas esas zonas y hoy en día no los tengamos en el norte de África, Turquía, Grecia, Bulgaria o Arabia
    Por cierto, ¿los leones europeos eran de la subespecie asiática, no?

  2. En efecto V´ctor, había leones asiáticos en los Balcanes y esa zona. Por desgracia veo imposible que mientras estemos nosotros estos animales vuelvan a estos lugares, una cosa es el rewilding Europa como lo de traer bisontes a España y otra cosa soltar por ejemplo en Cabañeros leopardos jeje. Lo que nos queda son leopardos en lo más lejano de Turquía, que no deja de ser Europa. En Oriente Medio si quedaron leones hasta un tiempo más cercano, pero nada, que lo que hoy nos queda son los poquitos de la India y los de África( que también han desaparecido subespecies)

  3. Usuario*pepe dice:

    Muy buen artículo. Los leones son animales maravillosos. He escuchado que se parecen mucho a los seres humanos, los leones serían los hombres y las leonas las mujeres, con todo lo que ello conlleva, lo bueno y las cosas polémicas, como la pereza, la comodidad y el machismo del varón. Las leonas tendrían todas las virtudes. jaja Esa imágen tan estereotipada debe ser porque viven en familias, el único felino que tiene ese sistema de vida.
    Desde tiempos remotos estos animales han influido en la imaginación de los humanos. ¡Qué vivan por siempre los leones!