El curioso caso de Phineas Gage

publicado el 14 jun, 2012 Blog Fisiología Historia Neurofisiología
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   13 de septiembre de 1848. A las afueras de Cavendish (Vermont, Estados Unidos), un joven capataz de 25 años estaba trabajando en la construcción de una línea de ferrocarril. Una de sus funciones, tal y como lo había hecho antes decenas de veces, consistía en colocar cargas explosivas en huecos perforados en la roca. Para ello, llenaba con pólvora (mediante el uso de un detonador) el agujero taladrado en la piedra, taponándolo luego con arena y una pesada barra de hierro. Sin embargo, en aquella tarde, se le olvidó echar la arena antes de presionar con la barra en el agujero, provocando una chispa que hizo que explotase la pólvora. Dicho estallido propulsó la barra de metal hacia la cabeza de éste, atravesando su cráneo (imagen 1) (Harlow, 1848). Desde este preciso instante, comienza la historia de Phineas Gage.

Los compañeros de Gage se acercaron al lugar donde se produjo el incidente y se quedaron estupefactos.  La barra metálica, de poco más de un metro de largo y unos tres centímetros de diámetro, había entrado en el cráneo por la mejilla izquierda del infortunado capataz, saliendo por la parte superior de la cabeza tras atravesar la corteza cerebral, y siendo encontrada a 25 metros de distancia del lugar de la explosión (Bigelow, 1850). Sin embargo, Phineas no sólo sobrevivió a ese desgraciado accidente, sino que recuperó el conocimiento a los pocos minutos, pudiendo hablar y caminar hasta la carreta desde la que se le transportó hasta la consulta del Dr. Harlow (imagen 2), uno de los médicos del pueblo. Este doctor detalló cómo introdujo sus dos dedos índices por ambos lados de la trayectoria del proyectil. Las complicaciones de este traumatismo grave no se hicieron esperar. La hemorragia fue profunda, y muchos días estuvo Phineas con fiebre y delirio. Al mes siguiente el Dr. Harlow, en sus anotaciones, describió los primeros cambios de conducta: “Phineas, muy querido en el pueblo por su bondad y amabilidad antes del accidente, se volvió caprichoso y pueril”. A los dos meses, Phineas recibió el alta y decidió salir solo de compras por el pueblo, llamando la atención el hecho de que no se preocupaba por el precio de las cosas mientras tuviese el dinero suficiente para pagarlas (Harlow, 1868).

  Harlow, en cambio, hizo una excelente descripción de lo que hoy denominaríamos un típico síndrome prefrontal: “Tiene frecuentes accesos de irritabilidad, es irreverente y manifiesta poca consideración con las personas que lo rodean, en ocasiones profiere toda suerte de obscenidades (cosa que no acostumbraba hacer anteriormente), es impaciente y obstinado, caprichoso pero vacilante, organiza múltiples planes para el futuro pero apenas termina de armar uno lo abandona para embarcarse en otra alternativa que le parece más factible. Un niño en su capacidad intelectual y en las manifestaciones de su conducta pero con las pasiones animales de un hombre fuerte…” Indudablemente, su mente había cambiado de manera tan radical que sus amigos y familiares coincidieron a la hora de afirmar que Phineas ya no era el mismo (Harlow, 1868). Pasado un tiempo volvió a su cargo de capataz, pero a los meses lo dejó. Tras peregrinar de un empleo a otro, fue a parar al Circo Barnum, que lo llevó a través de los Estados Unidos como una atracción más del espectáculo circense. De su vida entre los años 1852 y 1860 poco se sabe. Al parecer, permaneció todos esos años en Valparaíso y Santiago de Chile, como conductor de un carruaje de seis caballos regresando a su país en febrero de 1861. En San Francisco tuvo el primero de una serie de episodios convulsivos que lo habrían de acompañar hasta la muerte. Phineas Gage murió en estado epiléptico a las 22.00 PM del 21 de mayo de 1861, doce años y medio después de su histórico accidente (Harlow, 1868).

  Aparte de ser anecdótica la historia de Phineas… ¿qué importancia científica tiene su caso para la neurociencia? El caso de Gage está considerado como una de las primeras evidencias científicas que sugerían que una lesión en el lóbulo frontal del cerebro (imagen 3) podía alterar aspectos de la personalidad, la emoción y la interacción social del individuo. Así mismo, se considera como el comienzo del estudio de la base neurobiológica del comportamiento. En el mundo de la neurociencia, despertó mucho interés conocer su caso ya que se considera como un pilar básico en el concepto de funciones ejecutivas. Estas son aquellas que nos permiten dirigir nuestra conducta hacia un fin, e incluyen la capacidad para planificar, llevar a cabo y corregir nuestra conducta.

  ¿Cambió tanto la personalidad de Gage después de su accidente? ¿Qué efecto pudieron haber tenido las lesiones cerebrales en esos cambios? Muchas preguntas son las que están todavía sin contestar, aunque, lo más certero de esta historia, es el asombro que despierta en nosotros el que una persona pueda no sólo sobrevivir, sino llevar una vida más o menos normal, doce años y medio después de que su cabeza haya sido perforada por una barreta de construcción.

Bibliografía:
Bigelow H. Dr. Harlow’s case of recovery from the passage of an iron bar through the head. Am J Med Sci 1850; 39: 2-22.
Damasio H., Grabowski T., Frank R., Galaburda A.M., Damasio A.R.: The return of Phineas Gage: clues about the brain from the skull of a famous patient. Science 264 (5162):  1102-1105 (1994).
Harlow J.M.: Passage of an iron rod through the head. Boston Medical and Sugical Journal 39: 389-93 (1848).
Harlow JM.: Recovery from the passage of an iron bar through the head. Boston: Massachusetts Medical Society Publications (1868).

2 Comentarios

  1. Ashpak dice:

    I recently read an alticre about Gage, by Kotowicz (2007) and it sheds a new light on this case. He takes the first-hand accounts by the two doctors that worked with him, and also follows his life after the accident. He also cites An Odd Kind of Fame: Stories of Phineas Gage , by MacMillan, who’s exhaustively reconstructing Gage’s life. He concludes that there was nothing pathological about him, and any change in his personality was very well due to his disfigurement and how people treated him because of it. After the accident, Gage traveled, entertained kids and worked with horses, something that requires a lot of sensibility and discipline. In short, he isn’t the psychopath neurosciences make him out to be. Someone downloaded and sent me the alticre from a science journal, so it’s not easily available. I can send it to you if you’re interested, it’s an awesome read and makes the case even more fascinating. Let me know!

  2. Trinity dice:

    Muy interesante este post, un caso increíble, aunque en aquella época no tendrían suficiente tecnología para haber analizado mejor los efectos que causó el accidente en el joven, pues por el anterior comentario, da a entender que hay artículos donde afirman que la personalidad de Gage no cambió, sino que fue el entorno hostil y la desfiguración los causantes de su comportamiento “raruno”.