El cazador social

publicado el 30 Jul, 2013 Zoología

  Todos conocemos al lobo… O eso es lo que creemos. En cierta manera, este gran predador que ocupa lo más alto de la cadena alimenticia es un desconocido para muchos. Su mito está en nuestra vida desde que nacemos; pero nunca lo vimos. Muchos de nosotros lo conocimos la primera vez que nos contaron Caperucita roja o cuando nos dijeron que nos iba a comer el lobo. Es innegable que está en nuestra cultura desde hace siglos; pero en nuestra mente no es el cazador social que vive en familia en nuestros montes, sino una bestia hambrienta, solitaria y agresiva que aparece en pesadillas.

  El lobo es, para nosotros, sin duda un animal único, no solo por el misterio que le rodea en nuestra cultura sino por ser el antecesor de todos los perros y, por tanto, tener históricamente una relación especial con el ser humano.

  El lobo ibérico, cánido descrito por Ángel Cabrera en 1907 como Canis lupus signatus debido a las manchas oscuras que presenta en la parte frontal de las patas delanteras (en latín, signatus es marca, señal) y caracterizado también por otras manchas blancas en las mejillas y su porte un poco menor que el de otros lobos, es endémico de la Península Ibérica y una de las subespecies de Canis lupus, el lobo más conocido y con mayor distribución en el mundo (imagen 1). Esta subespecie suele pesar entre 20 y 50 kg, tener una longitud media total de 150 cm y una alzada a la cruz de entre 55 y 75 cm. Los machos suelen ser un poco mayores que las hembras. Alcanza como máximo una edad de 16-17 años en cautividad; pero en la naturaleza no suelen llegar a esos números (Loureiro et al., 2012).

  El lobo se distribuía, a principios del siglo XX, por la Península Ibérica en su totalidad; pero, durante el último siglo, sus poblaciones cayeron bruscamente hasta casi extinguirse en los años 70, quedando hoy su distribución reducida al noroeste de la península, con un pequeño núcleo aislado al sur, concretamente en Sierra Morena (imagen 2). Actualmente, existen unos 1500 lobos en España y unos 300 en Portugal (Pimenta et al., 2005).

  Las principales presas naturales del lobo son grandes herbívoros ungulados como los ciervos (imagen 3), corzos o gamos, jabalíes o cabras montesas; pero pueden cazar desde ratones y conejos hasta caballos salvajes, incluyendo también en su dieta frutos, insectos y a veces hierbas (Jędrzejewski & Sidorovich, 2010). Dada su flexibilidad pueden acudir a vertederos si les es necesario. Al contrario de lo que se piensa, (debido a su histórica persecución) no se acerca al ser humano, no encontrándose ataques registrados a personas en la Historia reciente. Son carnívoros generalistas que no solo se adaptan al alimento disponible sino también a la vulnerabilidad de la presa, lo que en la naturaleza favorece la selección natural de estas. Sin embargo, tras las modificaciones que el ser humano ha realizado en los ecosistemas durante la historia como la fuerte reducción (en algunas zonas, extinción) de cérvidos por exceso de caza y el establecimiento de ganado; el ganado doméstico (ovejas, vacas, cabras y también caballos) llega a ocupar en la actualidad, dependiendo de las zonas, un alto porcentaje de la dieta del lobo. Aquí se presenta el clásico conflicto entre el lobo y el hombre, ya que el ser humano lo acusa y persigue por comer “sus” animales sin reparar en que, en muchos casos, al lobo no le ha quedado otra opción debido precisamente a cambios que el hombre propició. También culpando por inercia al lobo de todos los ataques al ganado cuando muchos de ellos tienen como autores a perros salvajes (Echegaray & Vilà, 2010). Perros que, dada la dejadez muchas veces existente en el mundo rural, tiran al monte, llegando a reproducirse y existiendo una población de ellos indeterminada. También perros domésticos alimentados con carne pueden llegar a atacar hasta al ganado de su propio dueño o del vecino.

  El lobo vive en manadas con un número de individuos variable, con un mínimo de una pareja y un máximo dependiente de la disponibilidad de alimento (un estudio en España estimó 9 lobos por manada). Una manada se crea con una pareja de lobos que ocupan un territorio, y se consolida cuando esta consigue sacar adelante una camada de crías que, en unos meses, serán parte activa de la manada. En ella existe una jerarquía con una pareja dominante, la única que llegará a reproducirse. Estos animales pueden crear guaridas propias pero también utilizar antiguas madrigueras abandonadas de zorros o tejones. Los lobos son monógamos, reproduciéndose una vez al año en primavera y durando la gestación entre 60 y 65 días, teniendo una media de 5 lobeznos. En unos 10 meses un lobo puede adquirir la madurez, aunque no suelen reproducirse hasta los 2 años (Grande del Brío, 2000).

  El famoso sobrenombre de «cazador social«, acuñado en su día por el gran naturalista y divulgador Félix Rodríguez de la Fuente, no es una casualidad y tampoco fruto solamente de sus técnicas conjuntas de caza. La manada de lobos es mucho más que animales que cazan y viven juntos, es una familia dentro de la cual se establecen diferentes papeles e interacciones, con una comunicación continua y un grado de colaboración muy alto, lo que hace de ellos seres realmente especiales. Además de existir algunos otros sonidos, los lobos se comunican con diferentes tipos de aullidos, según los cuales pueden testar la presencia de otros individuos en la zona, avisar de un peligro, comunicarse durante la caza o simplemente llamar a otros miembros de la manada, además de aullar a menudo sin fines aparentes. En cuanto a la colaboración, un buen ejemplo de ella es que cualquier miembro de la manada puede quedar al cuidado de los lobeznos aún dependientes (imagen 4), no sólo los padres, o que en la época de reproducción todos los miembros de la manada participen en la preparación del local de cría. No obstante los lobos no siempre viven en manadas, existen lobos solitarios en dispersión o buscando un nuevo grupo, así como grupos con sólo varios machos o varias hembras.

  Los lobos, como grandes carnívoros, necesitan grandes territorios para vivir, con una media de 100 km2 por manada. Además, lobos jóvenes y otros que quedan sin lugar en la manada emprenden una dispersión indefinida en tiempo y espacio que puede abarcar cientos de kilómetros. Es por ello que tanto manadas de lobos como lobos dispersantes cercanos a fronteras humanas pueden cruzarlas continuamente, tanto de comunidades autónomas como entre países (Portugal y España). Por ello lo mejor para el futuro de este importantísimo carnívoro sería gestionar su presencia de igual forma en toda la península, al contrario de lo que se hace actualmente, ya que en Portugal está prohibido matar lobos desde 1988 mientras que en muchas comunidades autónomas españolas se hace legalmente a día de hoy.

  Su importancia ecológica reside en su papel de regulador de las poblaciones de grandes herbívoros, demostrándose que en zonas con lobo estas poblaciones tienen niveles más saludables para el ecosistema (y por tanto es menos o nada necesaria la actividad cinegética sobre ciertas especies). Además de ser una especie emblemática que, cuando es protegida, beneficia también el ecosistema envolvente y con ello a muchas más especies.

  Pero más allá de lo ecológico el lobo es patrimonio natural así como ya lo es de nuestra cultura. Uno de los grandes predadores de nuestro tiempo intenta sobrevivir en nuestra tierra, una oportunidad única para que el ser humano rompa con su historia y su estereotipo destructor encontrando un equilibrio necesario. El lobo, leyenda antigua y realidad actual que solo necesita respeto y espacio para seguir llenando de aullidos y misterio las noches de nuestra Iberia.

Bibliografía:
Echegaray J., Vilà C.: «Noninvasive monitoring of wolves at the edge of their distribution and the cost of their conservation». Animal Conservation. Volume 13: 157-161 (2010).
Grande del Brío R.: «El lobo ibérico. Biología, ecología y comportamiento». Amarú ediciones (2000).
Jędrzejewski W., Sidorovich V.: «The art of tracking animals». Mammal Research Institute. Polish Academy of Sciences, Białowieża (2010).
Loureiro F., Pedroso N.M., Santos M.J., Rosalino L.M.: «Um olhar sobre os carnívoros portugueses». 1ª edición, Editorial Carnivora (2012).
Pimenta V., Barroso I., Álvares F., Correia J., Ferrão da Costa G., Moreira L., Nascimento J., Petrucci-Fonseca F., Roque S., Santos E.: «Situação Populacional do Lobo em Portugal: resultados do Censo Nacional 2002/2003. Relatório técnico». Instituto da Conservação da Natureza / Grupo Lobo. Lisboa, 158 pp + anexos (2005).
 
Recursos electrónicos:
Web del Lobo Ibérico: www.loboiberico.com
Web de Lobopedia: www.lobopedia.es

3 Comentarios

  1. Gracias por culturizárme,es precioso, yo tenía una idea equivocada del lobo.
    Siempre les había oído a mis mayores ,que el lobo no mataba solo para comer,que destrozaba los rediles de ovejas ,Por eso creo que estaban confundidos,con los perros salvajes ,y sobre todo con los que prueban carne.
    De esto último,te contaré que un tío mío ,tenía un galgo,con el cual iba a perdices,que tuvo que sacrificarlo,porque,se dedicó a entrar en los corrales y matar gallinas.Un abrazo y enhorabuena por el artículo .

  2. Discrepo en cuanto al número que componen las manadas, 9 miembros por manada es un número que se da pocas veces en España.

    En cuanto al comentario de José Luís Diaz, lamento la decisión de su tío de sacrificar a un perro y no de educarlo … así nos va en España

  3. Jesús dice:

    Me alegro de que el artículo sirviese para cambiar la imagen del lobo en algunas personas, fue uno de los objetivos principales dar a conocer el animal que realmente es.

    En cuanto al número de individuos en una manada a mí, leyéndolo ahora, también me extraña. Creo que no es lo común en la Península o al menos en la mayor parte de ella.

    Y con respecto a la historia del perro, el país está lleno de este tipo de hechos, pero el de los perros es un problema que nadie reconoce a nivel institucional. Hay mucho por hacer en ese sentido…