El árbol milenario

publicado el 30 Oct, 2014 Blog Botánica Historia
Las hojas de este árbol, que del Oriente
A mi jardín han venido, lo adorna ahora.
Un arcano sentido tienen, que al sabio
De reflexión le brindan materia obvia.
 
¿Será este árbol extraño algún ser vivo
Que un día en dos mitades se dividiera?
¿o dos seres que tanto se comprendieron,
Que fundirse en un solo ser decidieran?
 
La clave de este enigma tan inquietante
Yo entro de mi mismo creo haberla hallado:
¿no adivinas tú mismo, por mis canciones,
Que soy sencillo y doble como este árbol?
Imagen 1

Ya se hacía referencia del árbol de Ginkgo biloba L. (imagen 1), por sus bondades tónicas para el corazón y el pulmón, en el libro de medicina más antiguo que se conoce (Pents’ao). Además, cuenta la historia que el Gran Buda descansó de su largo viaje bajo sus tupidas ramas y su grueso tronco y realizó la meditación donde encontró la iluminación (Deon, 2011). Por esto, los monjes budistas de China lo apodaron como el “Árbol de la Vida”. Este árbol ha sido plantado en jardines de templos en China y Japón, también cerca de lugares sagrados y castillos, debido a la veneración, su protección contra el fuego, semillas y belleza. Los ginkgos viejos son venerados como un dios en Japón. Para señalar el carácter sagrado del árbol se amarra un shimenawa (cordón de paja de arroz) alrededor del enorme tronco del árbol. Se piensa que esto aleja los malos espíritus.

imagen 1

El término Ginkgo deriva del chino Yin-kou que significa “damasco dorado”. Su intensa coloración amarilla que presenta su copa en otoño le confirió el nombre de “árbol de los cuarenta escudos”. En cuanto al epiteto específico biloba hace referencia al aspecto bilobular de sus hojas. Las versiones sobre cómo este árbol llega a Europa son diversas; sin embargo, la mayoría señala al explorador inglés Engelbert Campfer como su introductor en el siglo XVII. Al no tener parecido con ningún otro árbol, los botánicos europeos tuvieron muchas dificultades en clasificarlo (Alonso, 2011). En 1923, durante el gran incendio después del terremoto en Tokio, muchos árboles Ginkgo sobrevivieron mientras otros árboles murieron. Un templo se salvó debido a los muchos ginkgos que lo rodeaban. Se cree que el tronco y las hojas segregan una savia que actúa como un retardante del fuego. Durante la II Guerra Mundial, concretamente el 6 de agosto de 1945, caía sobre Hiroshima la primera bomba atómica que se usaba como arma de guerra. En la ciudad nipona morían al instante más de 140.000 personas, cifra que fue aumentando en los días siguientes hasta llegar a alrededor de 350.000. Los edificios quedaron arrasados y la devastación fue casi total. Pero, cerca de un kilómetro del epicentro de la explosión donde se encontraba un templo, sobrevivía un ginkgo que apenas un año después brotaba de nuevo como si nada hubiese pasado. El templo se reconstruyó y se decidió dejar allí al árbol (imagen 2) con un letrero que reza: “No más Hiroshimas“. Cuatro árboles Ginkgo bombardeados con bombas atómicas están vivos todavía. Lo maravilloso del Ginkgo biloba es que no tiene los tres problemas principales de los árboles: plagas, enfermedades y hongos de la madera.

imagen 3

Se trata de un árbol grande que puede alcanzar una altura de más de 30 metros. Sus hojas (imagen 3), en forma de abanico y de 5 a 10 cm de ancho, están, como se ha comentado antes,  divididas en dos partes simétricas por una depresión profunda. Los ginkgos son dioicos; es decir, que hay árboles con flores masculinas y otros árboles con flores femeninas. Las semillas son amarillentas, del tamaño de una cereza grande y de olor fétido. El contenido de la semilla es comestible después de secado al aire y tostado. Forma parte de bosques caducifolios desarrollados en valles cerrados de altitud media en zonas de clima templado, sobre suelos ácidos y bien drenados.

imagen 4

Su madera, blanca, ligera y de buena calidad, se emplea para fabricar pequeños muebles y figuras, tableros de ajedrez y otros elementos decorativos. Es de gran interés ornamental por la curiosa morfología de sus hojas. Solo el desagradable aroma de sus frutos en los árboles femeninos, merma su utilización en jardinería. Por ello, el cultivo de individuos masculinos se ha extendido en parques y jardines. Resiste bien la contaminación y los suelos pesados y calizos, aunque prefiere climas templados. Las semillas se utilizan desde antiguo en medicina popular como vermífugo, sedante, expectorante y cicatrizante; pero recientemente se han descubierto sus propiedades vasodilatadores. Frena, sobre todo, la acumulación de plaquetas en la sangre, un fenómeno que conduciría a la formación de un callo. Ejerce un efecto relajante sobre los vasos, lo que aumenta su elasticidad. Así, el ginkgo estimula la circulación de la sangre en los vasos. En la actualidad, es utilizado para la obtención de materia prima que luego es agregada en la fabricación de productos anti-edad, además mejora la fluidez sanguínea y se le considera un maravilloso antioxidante por ser un probado captador de radicales libres. Resulta curioso que de un árbol tan antiguo se puedan extraer esencias que combatan los efectos del paso del tiempo en el hombre, y que sea por esa razón, y no por su antiquísima historia, que su nombre sea cada vez más conocido para las personas (Deon, 2011).

imagen 5

Este árbol fue la inspiración del poeta alemán Goethe para escribir el poema del comienzo de este escrito en 1815 a su amante Marianne von Willemer. Y no solo le ha inspirado a él…

Bibliografía:
Alonso J.R.: “El rol del Ginkgo biloba en la prevención de los trastornos de memoria, déficits cognitivos, arterioesclerosis y enfermedad de Alzhéimer”.Soaljo (2011).
Deon: Escrito sobre terapias florales: dos árboles con historia. Instituto de Ciencias Superiores y la Fundación Crecimiento Interior (2011).

Todavía no hay comentarios