Demagogia protaurina

publicado el 18 Oct, 2016 Opinión
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Hace unos días saltaron todas las alarmas en Internet y diversos medios de comunicación patrios: una twittera antitaurina, subrayando bien el término por si algún despistado pasaba por alto dicho dato, había deseado la muerte a un menor de ocho años enfermo de cáncer. ¿La razón? Que el susodicho, llamado Adrián, tiene por sueño ser torero y fue el protagonista de una corrida benéfica en su honor que unió al mundillo del toreo, bien sea por humanidad o por mero oportunismo.

Comentarios que antaño no alcanzaban repercusión alguna más allá de las cuatro paredes de una taberna o un bar, hoy se vuelven virales con una facilidad asombrosa, y no solo dejan en evidencia al sujeto responsable en cuestión (y a quienes aplauden sus palabras), sino que pueden prender la mecha de debates nacionales como el que aquí nos ocupa. Por descontado, desearle algo tan terrible a un niño deja en evidencia tanto la catadura moral de ciertos individuos e individuas, como lo bajo que podemos llegar a caer todos, me incluyo, al tratar según qué temas polémicos en las redes sociales.

Ahora bien, que los árboles no nos impidan ver el bosque: si la actitud de esta antitaurina es miserable, que lo es, lo mismo pienso de cuantos aprovechan la enfermedad de Adrián, sus más que probables condicionantes paternos y las burradas de unos descerebrados que se crecen ante el teclado, no solo para defender esa causa perdida que es la tauromaquia, sino para marcarse una generalización gratuita contra todos aquellos que pretendemos erradicar su querida “tradición”.

No, los antitaurinos estamos en contra del asesinato lúdico de toros, más no a costa de alegrarnos por la tragedia de un chiquillo que, no conviene olvidarlo, podría cambiar perfectamente de parecer en un futuro. Incluso, ¿quién sabe?, tal vez, hasta el extremo de llegar a convertirse en otro de esos antitaurinos que tantos y tan injustificados ataques hemos recibido por este y otros casos.

Sea así o no, solo me queda desear una pronta recuperación a Adrián, y que ojalá crezca en un país donde la ley impida matar animales por diversión para satisfacer el sadismo de unos pocos.

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