Cuarta carta secreta de Hernán Cortés

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Letra Enviada a su sacra majestad del emperador nuestro señor, por el capitán general de la Nueva España, llamado don Fernando Cortés, en la cual face relación de los acontecimientos del viage a la grande y maravillosa y rica ciudad, llamada Temixtistan, edificada sobre una grande laguna; de la cual tierra es rey un grandísimo señor llamado Muctezuma; donde le acaecieron al capitán general de la Nueva España y a los españoles dignas cosas de oír. Antes de dar principio largamente a la relación del dicho Muctezuma y de sus señores; principios necesarios para conocer donde se funda la principal causa desta carta, muy alto y poderoso y muy católico príncipe, invictísimo emperador y señor nuestro:

El alto noble de la ciudad de Churultecal, al que llamamos Sonrisefe, ordenó que un señor guía y la joven Lénia acompañara a la tripulación de su alteza comandada por el capitán general de la Nueva España, el maquinillero Javier de Carrillada, fray Israel de Cuchillejas, el calafateador Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz y el timonero Daniel Deidad del Continente que hizole preguntar al guía, al que llamamos Honi honi por esas repetidas palabras que salían de su boca, si conocían rey mas por las señas y vocablos contestó honi yucatán y siguió de cabeza de la tripulación. Y Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz no paróle de preguntar en cómo de rico era quella ciudad y la cuantía de señores que vivían y si el aposento del rey estaba bañado en oro fino y si la comida era sabrosa y celestial mas el guía contestaba a todo honi yucatán con lo que no grande satisfecho quedó el calafateador aunque convirtió la palabra yucatán como en respuesta española afirmativa y desta manera podía firmar quello en puño y letra convenciendo a todos los españoles que con él íbamos. Por estas selvas, no se puede caminar sin guía yendo o viniendo a ciudad, por los muchos calores y fatigas, y Honi honi que venía, oyendo estos gruñes y voceríos animaba a los españoles mediante señas, y el capitán general de la Nueva España así como fray Israel de Cuchillejas pensaban que el diablo por amilanar la tripulación causa quellos temores. Mas por grandes momentos perdidos encontrábanse la tripulación de su majestad nuestro señor; a los pies de nuestros andares ahogaba la vegetación con chorros verdes de plantas y pinos verdes y pastizales que enmarañados crecían como estopa. Y andabase con grandes cuidados y lentitud, separando las hojas y abriéndose con dificultad camino. Y cuando internóse bajo esos pinos verdes y demás árboles verdes, desapareció el cielo y el vuelo de los pájaros y el límpido brillo del sol; y parecía que el tiempo detuvióse y la realidad sus formas conocidas perdieron. Y el olor a almizcle, la visita de insectos y el sonido de las flores extrañas que goteaban líquido espeso de color miel hizo que el aire pesado tornarase, como aliento de animal, y fatiga entró salvo a Lénia y el guía que sonrisa nunca perdieron apartando bordadas telarañas que encaje formaban entre las plantas. Y fray Israel de Cuchillejas el sudor de su frente enjugóse con la manga de la saya remendada y mostrándome con ilógica felicidad una mata de cierta planta esputó que sería tisana para llagas y heridas. Y entre tanto copudo árbol y altas matas y yerbas gastóse varios días de camino y la tripulación de su alteza con Lénia y Honi honi alimentaronse de lo que daba quella selva en lo que Javier de Carrillada testiguar podía ya que nada quedaba comestible a su paso. Y Lénia y él hicieron muy buenas migas y enseñó nuestra parla y nuestras costumbres. Y cuando atravesamos dos sierras, altas y maravillosas, que en lo alto tan grandes bultos de humo como una gran casa había, una luz vacilante vióse entre los ojos y llegóse a un sitio rodeados de agua que chorreaba por las paredes de quella piedra y cubría el suelo con una laguna digna de ver y Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz permaneció quieto ante la laguna y la tripulación paró y miróle y él, con ojos vidriosos y parpadeando mucho, escamó que quel lugar era el sitio más fantástico que sus ojos vieron. Y poco faltó para llegar a destino llamado Temixtistan y destos pudose ver otros señores estaban escondidos arriba en los coposos árboles, que son muy grandes y altos y de ramas espesas; mas nada hacían y el guía y Lénia tranquilos andaban. Y animales salvajes que se anidaban en su impenetrable bosque salieron a disputarnos el paso, y a todos opusimos una competente resistencia, secundado por quellos señores de los árboles, que a pesar de no conocernos, defendieron al cristiano y al guía y Lénia. Y por fin llegó al término suspirado el viaje.

Pasada esta travesía, a recibir salieron más de doscientos señores, todos descalzos mas vestidos de otra librea bien rica a su uso, y más que los señores de Churultecal, venían en formación y ordenados y palparon rostros y cuerpos con excepción de Daniel Deidad del Continente que muy atrás quedóse de la tripulación para evitar caricias. Y el dicho Muctezuma recibió a la tripulación de su sacra majestad del emperador nuestro señor por medio de la formación de quellos señores. Y porque el capitán general de la Nueva España siempre ha deseado de todas las cosas deste viage poder facer a vuestra alteza muy particular relación de dicho Muctezuma, que era de talla menuda, de pocas carnes, color baza de la manera que todos los de su tierra; traía grandes largos y negros y relucientes cabellos y negros ojos de grave mirar, que mirándole convidaba a reverenciarle y amarle. Mas era un señor muy grave y severo y hombre de coraje y sañudo, que se enoja súbitamente con liviana ocasión y a la par algo temía porque mirar atrás no paraba y gran sorpresa dio cuando no palpó carnes aunque Gonzalo de la Capilla y Vera Cruz dispuesto estaba para ofrecer primero su brazo derecho y recibir tales toques mas no acercóse a la tripulación para dicho fin. Y actuaba como si ya hubiera visto personas de nuestro reino tiempo atrás por lo que supo extraño y allí señas hizo al capitán general de la Nueva España para ir a una gran sala que absorbida estaba dentro de un patio e hizole sentar en un estrado muy rico que para él tenía mandado hacer y dijole que esperase allí y él se fue.

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