Ansiedad, respuesta adaptativa de la supervivencia

publicado el 15 Ene, 2017 Blog Neurofisiología Psicología

  La ansiedad se entiende actualmente como un sistema de procesamiento de información que anuncia una posible amenaza y tiene como objetivo preparar al individuo para ejecutar acciones preventivas. Esto es así porque la ansiedad es una respuesta adaptativa centrada en la supervivencia y mejora de la capacidad de acción ante una posible amenaza, favoreciendo que el organismo se prepare para huir, afrontar o neutralizar el peligro (Fernández-Abascal et al. 2010). En este contexto, el miedo es, por tanto, una consecuencia de la ansiedad que informa de la necesidad de salvarse. Ambos sentimientos comparten características afectivas (desagrado, inquietud, alerta, tensión) y físicas (palpitaciones, aumento de la frecuencia respiratoria, insomnio, perturbaciones gastrointestinales, etc.) pero existen aspectos que los diferencian (Marina, 2006; Valiente et al. 2011). El miedo es un proceso emocional que se activa con el objetivo de poner a salvo a la persona que se encuentra en peligro. Este sistema se vuelve más efectivo cuando se puede anticipar -teniendo en cuenta experiencias anteriores- una situación amenazante. Este es el papel de la ansiedad (Fernández-Abascal et al. 2010). Debido a su naturaleza anticipatoria, la persona no conoce las causas que lo provocan, ni su comienzo ni final. En cambio, el miedo es una respuesta a un riesgo real y conocido; desaparece cuando la amenaza es eliminada y tiene un comienzo y final determinados (Marina, 2006; Valiente et al. 2011).

Los desencadenantes de la ansiedad son situaciones que provocan inquietud o malestar, no pueden dañar directamente a la persona y, en su mayoría, son las expectativas de peligro las que activan el sistema. También tiene un componente de aprendizaje, con lo que la persona es capaz de clasificar una situación como ansiogénica -produce ansiedad- por haber experimentado malestar anteriormente en un contexto similar. Un ejemplo es la ansiedad en época de exámenes, donde las amenazas son haber sufrido una sensación emocional desagradablemente intensa (bloqueo, ataque de pánico) durante el examen; o incluso por haber escuchado que eso es algo normal en dicha época (Fernández-Abascal et al. 2010). No obstante, la inquietud o intranquilidad también pueden tener un aspecto agradable ante situaciones que no se reconocen como amenazas (un viaje, sorpresa, una cita), entonces se habla de excitación (tabla 1). Esto explica que algunas personas sufran ansiedad ante eventos que no deberían producir una respuesta negativa, con lo que evitarán cualquier cambio que se salga de su rutina. Sin embargo, otras personas sienten excitación ante situaciones que deberían desembocar en ansiedad y buscan circunstancias que les provoquen miedo o agobio (deportes extremos) (Marina, 2006).

tabla-1

Cuando la ansiedad deja de ser una respuesta adaptativa y aparece por determinados estímulos, incluso pensamientos, o se mantiene presente de forma continua, se convierte en patológica y aparecen los trastornos de ansiedad (fobias, ataques de pánico, trastorno obsesivo-compulsivo) (López-Chicharro & López-Mojares, 2008).

Lang (1971) desarrolló la teoría del triple sistema de respuesta para explicar la ansiedad. La dividió en tres tipos de respuestas frente al estímulo:

  • Respuesta Cognitiva: componente emocional (inquietud, preocupación, obsesión). Es el componente central.
  • Respuesta Fisiológica: cambios que se producen por la acción del Sistema Nervioso Autónomo (sudoración, dilatación pupilar, aceleración cardíaca y respiratoria, etc.).
  • Respuesta Conductual: respuesta de lucha/huida producida en el individuo (López-Chicharro & López-Mojares, 2008; Bermúdez et al. 2012).

Debido a que la ansiedad y el miedo están íntimamente relacionados, hay estructuras neuronales que intervienen en ambos procesos. Sin embargo, en la vía de la ansiedad, se hace mayor hincapié en la obtención y procesamiento de la información. En esta vía interviene el sistema límbico, un conjunto de estructuras relacionadas con las emociones, el aprendizaje y la memoria. Se compone principalmente del tálamo, hipotálamo y amígdala, además está relacionado con el locus cerúleo y la corteza cerebral.

La activación de la respuesta de lucha/huida se produce de la siguiente manera. El estímulo llega al cerebro a través de los órganos sensoriales, y la información es procesada por el tálamo desde donde se dirige a la amígdala, para una respuesta rápida, y a la corteza cerebral, para su posterior procesamiento. La amígdala es la estructura central que producirá las respuestas de ansiedad y se conoce como el centro de la memoria emocional. En esta estructura se evalúan los estímulos y se les clasifica como positivos o negativos. En el caso de que la información se catalogue como desagradable o amenazante, actúa con el fin de iniciar la respuesta de lucha/huida. Entonces, el hipotálamo produce cambios fisiológicos en el organismo actuando sobre el Sistema Nervioso Autónomo (SNA), que se divide en el Sistema Nervioso Simpático (SNS) y el Sistema Nervioso Parasimpático (SNP). El SNS se encarga de preparar al individuo para la acción, actuando en la respuesta de lucha/huida mediante la liberación de noradrenalina (segregado por una estructura conocida como locus cerúleo). Producirá dilatación pupilar, taquicardia, elevación de la presión arterial, hiperventilación, aumento la sudoración, inhibición del sistema digestivo y liberación de adrenalina por las glándulas suprarrenales. Pero su actividad es limitada en el tiempo y cuando se prolonga se activa el SNP, que devuelve la normalidad al organismo. De esta manera se evita que el SNS actúe sin control.

Aun así, los efectos de la adrenalina y noradrenalina se mantienen un tiempo después de que la respuesta de lucha/huida se haya suprimido, hasta que son destruidas. Esta es una de las características de su naturaleza adaptativa, pues en la prehistoria el peligro podía ser constante, y se facilitaba la activación de la respuesta de ansiedad (Gómez-González, 2010; Valiente, 2011; Cascardo & Resnik, 2016).

La respuesta de ansiedad resulta muy útil en la anticipación de amenazas y para la resolución de situaciones que causan estrés; pero en la actualidad, las personas tienden a preocuparse por todo y estar atentos a mil actividades a la vez. Esto provoca la descompensación del sistema y que siempre esté activo, volviéndose una enfermedad. Es necesario seguir unas pautas de vida más relajadas, dejar que el cuerpo se destense para evitar la ansiedad permanente y tener una vida más sana, tanto mental como físicamente.

Bibliografía:
Bermúdez, M.J., Pérez-García, A.M., Ruiz, C.J.A.: Psicología de la personalidad. Vol. 1. Ed. Universidad Nacional de Educación a Distancia (2012).
Cascardo, E., Resnik, P.E.: Ansiedad, estrés, pánico y fobias. Vol. 1. Ed. B Argentina S.A. (2016).
Fernández-Abascal, E.G., García-Rodríguez, B., Jiménez-Sánchez, M.P., Martín-Díaz, M.D., Domínguez-Sánchez, F.J.: Psicología de la emoción. Vol. 1. Ed. Centro de Estudios Ramón Areces S.A. (2010).
Gómez-González, H.G.: Neurofisiología, clínica y tratamiento de los trastornos de ansiedad. Ed. Singularidad. (2010).
López-Chicharro, J., López-Mojares, L.M.: Fisiología clínica del ejercicio. Vol. 1. Ed. Médica Panamericana S.A. (2008).
Marina, J.A.: Anatomía del miedo. Vol. 1. Ed. Anagrama (2006).
Valiente, R.M., Sandín, B., Chorot, P.: Miedos en la infancia y la adolescencia. Vol. 1. Ed. Universidad Nacional de Educación a Distancia (2011).

Todavía no hay comentarios